 |
| Opinión |
04/08/2004
|
 |
| Otro punto de vista |
 |
| Editorial del Diario
Melilla Hoy, por Irene Flóres |
| |
 |
Tarek
Yahía, presidente de la Cámara de Comercio
de Nador y hasta hace menos de un año alcalde de
la misma provincia, ofrecía ayer, en el transcurso
de una entrevista con MELILLA HOY, un punto de vista del
todo distinto al que hasta ahora hemos podido recabar
de forma directa de nuestros vecinos marroquíes.
Bien porque no nos hayamos preocupado lo suficiente por
conocerlo, bien porque el curso de los tiempos aconsejan
otro tipo de relaciones entre Melilla y su entorno.
Tarek Yahía, en el contexto de
la presentación de las nuevas líneas aéreas
regionales de la provincia de Nador, señalaba la
importancia que tiene para nuestra ciudad el desarrollo,
vertiginoso y cada vez más imparable, de la vecina
zona marroquí y, por extensión, de todo
el norte de Marruecos.
Abogaba, en una entrevista que publicaremos
en toda su extensión el próximo domingo,
por un cambio de mentalidad entre el empresariado y la
clase política melillense, que hiciera posible
mirar hacia Nador como una oportunidad para Melilla y
para la superación de nuestra incertidumbre económica
y nuestra actual situación de relativa crisis económica.
Insistía el presidente de la
Cámara nadorense es que es preciso mirar hacia
Nador como una oportunidad para Melilla y no como un problema
para nuestra ciudad. Su reflexión merece ser leída
de forma precisa, pero su idea base no puede pasar desapercibida,
puesto que, como subrayaba la autoridad nadorense, no
es a las autoridades de un lado u otro de la frontera
a las que corresponde ahondar o dejarse frenar en sus
posibles actuaciones comunes y beneficiosas para el progreso
común, por la vieja reivindicación marroquí
que, subrayaba, compete a Rabat y Madrid.
A melillenses y nadorenses nos interesa
el progreso mutuo y Nador es una provincia que crece de
forma vertiginosa e imparable, con sus nuevas y cada vez
más equipadas comunicaciones y sus diversos proyectos
de desarrollo entre los que cabe destacar el de Saidia-Cabo
de Agua y los realizados con aportaciones y la cooperación
del Ayuntamiento de Málaga.
Ni Marruecos ni Nador son lo mismo que
hace cincuenta años, aunque entre nuestra clase
empresarial y dirigente parezcan no haber cambiado los
conceptos respecto de las relaciones posibles a un lado
y otro de la frontera.
Es de reconocer, no obstante, el soplo
de aire fresco que supone el presidente de Proyecto Melilla,
José María López Bueno, y su intención
de crear una fundación hispano-marroquí
para promover proyectos comunes a un lado y otro de la
frontera, y también es de subrayar la nueva política
fronteriza que hace posible una mayor y normal convivencia
de Melilla con su hinterland natural.
En esa tesitura, la invocación
del irrendentismo de la reclamación marroquí
sobre nuestra soberanía, parece muchas veces más
una excusa rentable electoralmente que una realidad palmaria
que impida verdaderamente actuar contra el curso de los
nuevos tiempos. Hoy en día, lo que está
fuera de lugar no es plantear si Melilla es colonia o
no y resulta por ello un territorio más o menos
anacrónico, como piensan, tristemente, muchos intelectuales
y altos cargos de las instituciones españolas,
sino lo anacrónico que resulta que en un mundo
tan intercomunicado como el actual, Melilla pueda permitirse
vivir de espaldas a su entorno.
El progreso de Nador debe ser fuente
de progreso para Melilla, como la mayor crisis económica
de nuestra ciudad repercute en nuestros vecinos. Es preciso
otro enfoque que haga posible un plan estratégico
de avance económico a medio y largo plazo. Desechar
las oportunidades que nos brinda lo que nos rodea es tan
necio como peligroso puede ser para nuestro futuro. |
 |
|
| |
|
|
|
 |
|
|