Opinión
29/05/2004
Analizar el pasado de Melilla para enfrentarse al futuro
De como una simple promesa hundió el pacto
 
   El tres de junio de 2002 publiqué en este periódico (Diario Melilla Hoy) un artículo con idéntico título, aunque no estaba precedido por el antetítulo que hoy figura. En ese texto recordaba que con el objetivo de crear o reestructurar el tejido socioeconómico de la ciudad nació, a finales de la década de los noventa, el Pacto Territorial por el Empleo (PTE), una iniciativa europea con financiación para construir una tecnoestructura al servicio de las administraciones públicas, con la participación de los agentes socioeconómicos del territorio, y con cinco líneas de actuación.

     Conocí el proyecto en sus inicios y a través de un concurso-oposición obtuve la plaza de jefe del gabinete de comunicaciones y publicaciones de este organismo. Durante los dos años que estuve contratado (exceptuando en el último trimestre del año 2001 en que padecí una grave enfermedad) fui testigo directo de la “sin razón” que impera en nuestra clase política local que se dedicó a impedir, por acción u omisión, cualquiera de los proyectos desarrollados por los técnicos del PTE para crear nuevos cauces económicos a una ciudad que iba hacia atrás. Todavía me pregunto, a veces, por qué estuvo nueves meses sin presidente el PTE (más del 25 %del tiempo de duración); o por qué no se le dejó impartir formación en hostelería, construcción, artesanía; o por qué el viceconsejero Javier Mateo apenas reconoció las acciones desarrolladas en Turismo (cruceros, Plan de Dinamización, folletos, internet,...) por los técnicos del PTE; y, sobre todo, por qué no se permitió la duración del PTE en el tiempo para la utilización de los fondos europeos destinados a objetivos similares en el sexenio 2000-2006.

     La clase política dominante, llena de tránsfugas de obra o pensamiento (en aquellos momentos), prefirió mantener todo el desarrollo económico, formación y empleo a través de una sociedad pública, Promesa, en la que los diputados locales integran la totalidad del consejo de administración, posiblemente al margen de la normativa vigente que rige este tipo de sociedad. Prevaleció este dominio total de los políticos en Promesa, en la que estaba incluido el PTE para su funcionamiento, a mantener la estructura abierta de éste en la que tomaban parte en la gestión, además de los políticos: los empresarios, los sindicatos y los representantes de organismos públicos (Imserso, Inem, Universidad de Granada, ...) y de organizaciones sociales (Cruz Roja, Vias, Melilla Acoge,...).

     Promesa, teóricamente el motor del desarrollo socioeconómico de Melilla, no está abierta a la participación de los actores sociales y ésto no se lo puede permitir una ciudad que observa como las inversiones, subvenciones y ayudas públicas se esparcen como granos de arena entre las manos. ¿Quién conoce mejor las necesidades de inversión para renovar el tejido socioeconómico que los empresarios y los sindicatos?.

     Hasta aquí el texto central del artículo que publiqué y que todavía es válido.
     Hoy, además, cabe recordar al lector/a que desde que enterraron el “pacto” se han creado o diseñado en la ciudad varios proyectos parecidos: que si Unidad de Promoción y Desarrollo, que si Mesa de Formación y Empleo, la unidad de gestión del Plan Equal, el Observatorio Económico, ... Nombres y actuaciones diferentes en busca del mismo objetivo: solucionar el grave problema del desempleo y revitalizar el tejido socioeconómico de la ciudad.

     También recuerdo como anécdotas a repasar en este recordatorio que cuando el actual presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, llegó por primera vez al cargo señaló el desempleo como uno de los graves problemas de Melilla, un tema en el que también hizo hincapié en su toma de posesión el anterior delegado del Gobierno, Arturo Esteban, hoy presidente de la Autoridad Portuaria, quien en el momento de dejar la Delegación del Gobierno reconoció que su “lucha” contra el desempleo había tenido pocos éxitos.

     En fin, se preguntará el lector/a por qué estoy en este repaso, qué me mueve. Muy sencillo, la dignidad de reivindicar un tiempo que perdimos un grupo de técnicos (más de cuarenta trabajadore/as) ilusionados en mejorar la ciudad en que vivíamos entonces (muchos de ellos emigraron ya). Y, sobre todo, reivindicar que la historia juzgue a los políticos y técnicos de alto rango que se opusieron a un nuevo modelo de gestión de los fondos públicos con la participación e implicación directa en las decisiones por vez primera de los agentes sociales (sindicatos, empresarios, entidades, organizaciones no gubernamentales,...).

     Sí, hoy, cuando parece que llegan cambios, y se prevé una nueva promesa, no puedo parafrasear a Emile Zola y decir “Yo acuso” pero sí digo: ¡recuerda lector!, recuerda quien descalificó la utilidad y continuidad del Pacto Territorial por el Empleo.
     Sí, hoy, cuando el que era técnico supremo en aquellos días está cuestionado y abandona “su” despacho, pido que se recuerde por qué hemos perdido muchos años en balde. Los que duró el “Pacto” sin presidencia efectiva y los que llevamos sin el consenso necesario para poner en marcha las acciones básicas para revitalizar la maltrecha economía de esta ciudad, con más de cuatro mil parados y con otros cuatro mil trabajadores que no llegan a los 600 euros mensuales.

     No busco venganza, pido una reflexión pública a aquellos a quienes va dirigido este artículo y aseguro ésto porque también podría escribir de la rentabilidad del dinero público empleado en formación durante más de una década, las ayudas o subvenciones a empresas, la percepción por dos administraciones, el diseño de la plaza de fondos europeos, ... pero de eso ya hablarán otros. Espero.

     Es evidente que hay que recordar para no volver a tropezar en la misma piedra. Sobre todo, ahora, cuando se abre un nuevo tiempo de gestión.

     Espero que los políticos actúen como servidores públicos en esta materia porque para ello fueron elegidos.

                                             Miguel Gómez Bernardi
Artículo publicado el 29/05/2004 en el diario Melilla Hoy
 
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