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La historia revisada
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Villacampa en Melilla (II)
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El
Ministro de la Guerra, recogiendo el sentir del Gobierno, no estaba
muy tranquilo, pues cinco días más tarde inducía
al gobernador de la plaza, general Mariano de la Iglesia, a través
del Capitán General de Granada, a que relevara a todas aquellas
clases de tropa y sanitarios de Melilla que fueran sospechosas de
estar en la conspiración, nombrándose otros en su lugar
pues mientras intentan y consiguen los conspiradores seducir
a los nuevos ganaremos algún tiempo en tranquilidad.
En agosto de 1888, cercano el segundo aniversario
del golpe, vuelven a llegarle al Gobierno rumores de que algunos emigrados
políticos en Orán pretendían liberar a Villacampa.
Ante la posibilidad de que algunos republicanos irreductibles aprovecharan
la fecha para efectuar algún acto de fuerza o de propaganda
extraordinario, con fecha 18 de noviembre todos los gobernadores militares
de la Capitanía, recibían el mismo telegrama: Sin
sobrecarga del servicio ni producir alarma, recomiendo a V.E. redoble
vigilancia, y en caso necesario obre con toda energía y sin
contemplaciones.
Incrementando los temores del Gobierno, Ramón
Zavala, cónsul de España en Argel, escribía a
León y Castillo en enero de 1889 el ruido que los exiliados
españoles en Orán, encabezados por el médico
Ezequiel Sánchez, producían en los ambientes políticos
de la ciudad a través del diario Joven España, en el
que no faltaban continuas referencias a Villacampa y Ruiz Zorrilla,
e insultos contra el Cónsul y los políticos peninsulares,
sobre todo contra Cánovas, a quien Sánchez calificaba
con muy poco miramiento en el Petit Marsellais: El inmundo
Cánovas
el que fusiló sin piedad al heroico Ferrándiz,
a Vellés y Mangado, el que rugió de cólera ante
el perdón de Villacampa.
No se si el gobierno llegó seriamente a pensar
en sacar a Villacampa de Melilla y trasladarlo a Canarias; en cualquier
caso el Capitán General de las islas, en telegrama de 16 de
enero de 1889, recogiendo un rumor de la prensa, manifestaba al Subsecretario
de la Guerra que en aquel distrito no había prisiones seguras.
Muerte de Villacampa
Con fecha 22 de enero de 1889 eran indultados todos
los presos que había en las menores procedentes de la sublevación
de septiembre de 1886.
El indulto difícilmente podía afectar
al exbrigadier que en esta fecha manifestaba un agravamiento severo
de su enfermedad, muy acusado desde el mes de diciembre, y ya se daba
como imposible su traslado fuera de Melilla.
En la mañana día 12 de febrero, en
una comunicación urgente trasladada por medio del barco de
comisiones de la plaza, el general Assín, gobernador militar,
informaba al Capitán General de Granada que se hacía
temer un próximo fin del confinado. Tan inminente era que Villacampa
fallecía a las cinco menos cuarto de la tarde de ese mismo
día, pese a que desde el día 5 se habían efectuado
denodados intentos para salvar su vida, gracias al interés
personal del propio gobernador militar quien, desde su presentación
en la plaza en noviembre del año anterior, había ordenado
un favorable cambio radical en el trato al confinado, con quien, por
cierto, había coincidido durante la época de las campañas
carlistas. Todos los médicos de Melilla habían sido
puestos a disposición de Villacampa, cuando ya era tarde para
evitar lo inevitable. Motivo del fallecimiento: una dilatación
aneurismática de la aurícula derecha, con alteración
completa del músculo cardíaco acompañada de un
catarro bronquial concomitante, según certificó el médico
segundo del Cuerpo de Sanidad Militar Francisco Triviño Valdivia,
un viejo conocido de los melillenses interesados por su historia.
A ruego de su hija, el cadáver fue embalsamado y enterrado
provisionalmente al día siguiente.
Emilia Villacampa se embarcó para la península,
en un vapor francés, el domingo día 17, con el fin de
hacer las gestiones pertinentes para el traslado del cadáver
de su padre a Madrid, a lo que entonces no se oponía el Capitán
General de Granada.
El fallecimiento del exmilitar fue recogido por
toda la prensa nacional tanto republicana como monárquica,
y si bien eran de esperar los panegíricos de la prensa republicana
sorprenden las generosas expresiones del diario monárquico
La Época, quien daba la noticia "con sentimiento, porque
cualesquiera que hayan sido los errores de aquel político,
lanzado en las vías revolucionarias con resolución digna
de respeto, que al fin iba a jugarse la cabeza mientras otros esperaban
el triunfo tranquilamente, nosotros, y cuantos de leales se precian,
no podrán olvidar los servicios que a la patria prestó
hasta que volvió la espalda a la Monarquía. En su hoja
de servicios hay páginas que honrarán su recuerdo."
En las Cortes hubo una interpelación el Gobierno
por parte del diputado Romero Gilsanz, de la que el Gobierno se zafó
fácilmente porque tras la muerte de Villacampa la historia
pasaba una página y a pocos interesaban ya las interioridades
del caso.
Las logias masónicas madrileñas Comuneros
de Castilla nä 289, Luz de Mantua nä 1 y La Minerva nä 631, con sus
dignidades, oficiales y obreros, honraron a su ilustre hermano, soberano
gran inspector del grado 33, con una tenida fúnebre celebrada
en la logia de la calle San Onofre el 2 de marzo siguiente.
Los intentos de Emilia Villacampa para trasladar
el cadáver de su padre a Madrid fueron inútiles. El
Gobierno presumía que la llegada del cuerpo de Villacampa a
la capital sería motivo y no creo que se equivocara
para celebrar un acto multitudinario de exaltación republicana,
en la que inevitablemente se apelaría a la parte emocional
de los asistentes, con consecuencias difíciles de prever. |
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