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La historia revisada
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Villacampa en Melilla (II)
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| Fotografía
de Melilla tomada en 1889 |
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Supuestos intentos de evasión |
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También por la misma época comienzan
a llegarle al Gobierno informes sobre intentos para rescatar a Villacampa
de su exilio melillense.
Al parecer la policía había conseguido
información de la mujer que llamaban "querida del capitán
Casero", uno de los oficiales exiliados como consecuencia
del intento de golpe. A través de esta señora se habían
informado de que se trabajaba en un plan para liberar al exbrigadier,
de lo que ponían en conocimiento del gobierno con fecha uno
de octubre.
Diez días más tarde otra nota ponía
de manifiesto de que un sargento de los confinados con Villacampa
en Melilla había escrito al capitán Casero, afirmando
que pronto romperían las cadenas, que todo estaba
combinado para escaparse y que estaban protegidos por un empleado
del presidio.
Con los informes anteriores, mas los facilitados
por el cónsul español en Orán, los Ministros
de la Guerra y de la Gobernación llegaron a la convicción
de que efectivamente se preparaba la fuga de Villacampa.
El día 12 de noviembre recibía el
Gobernador militar de Málaga un telegrama en el que disponía
que, con carácter de urgencia, y aprovechando cualquier medio
de navegación, se pusiera en conocimiento del Gobernador de
Melilla la siguiente información:
El día 8 debió salir de Orán
un carruaje en dirección al Riff preparado para la evasión
de Villacampa, la cual se intenta realizar por tierra o bien por medio
de algún bote que, tomándolo a bordo en la costa o puerto
de Melilla, lo desembarque en alguna playa inmediata. El Gobernador
de la plaza deberá cambiar turnos de servicio, alejar del hospital
a todo empleado sospechoso, hacer más efectivo el encierro
del penado y tomar todas las medidas extraordinarias que aseguren
al preso, en lo que está vivamente interesado el Gobierno.
Se instaba a que la persona que condujera el pliego
fuera de la más absoluta confianza, que el barco saliera de
Málaga con el mayor sigilo y que en Melilla solamente desembarcara
el portador del documento.
Llama la atención el desconocimiento absoluto
que el Ministerio de la Guerra tenía sobre el territorio vecino
a Melilla, hasta el punto de ignorar que un carruaje jamás
podría llegar por tierra a Melilla dada la inexistencia de
carreteras o puentes en el territorio de Marruecos, donde entonces
solamente había una carretera empedrada, la que iba desde Alcazarquivir
al Lucus, de apenas una milla. Además daba a entender que en
Melilla había tal falta de seguridad que un bote extraño
podía llegarse hasta el muelle, recoger a un confinado y llevárselo
impunemente. Por otra parte, si ese fuera el plan de los conjurados,
estos demostraban una ingenuidad fuera de lo común.
El Gobernador de Málaga envió el mismo
día a su propio ayudante en el vapor de recreo Heredia, de
14 nudos, que había puesto gratuitamente a disposición
de las autoridades militares la casa de este mismo nombre, empresa
que desde 1817, y durante varios años, había sido asentista
de víveres de Melilla.
El día 13 estaba el vapor de vuelta, con
la lógica contestación por parte del gobernador de Melilla:
que en aquella plaza no había novedad. Difícilmente
podía haberla en el sentido que preocupaba al Gobierno.
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