La historia revisada
Villacampa en Melilla              
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Villacampa y Martínez Campos
 
   Desde que fue nombrado jefe del Tercio de la Guardia Civil de Valencia, en 1871, Villacampa había puesto todo su empeño en la persecución y liquidación de las partidas carlistas de la zona . Su acierto en la acción le había supuesto el ascenso a brigadier por méritos de campaña y su designación como Gobernador Militar de Castellón.
 
   En julio de 1873 fue nombrado Capitán General de Valencia D. Arsenio Martínez Campos. Poco después se encontraban en Torrente la columna del Capitán General y la mandada por Villacampa. El encuentro tuvo lugar coincidente con la formalización de la propuesta de militares distinguidos en la campaña entre el 26 de julio y el 8 de agosto. En ella decía Martínez Campos que el brigadier Villacampa había conseguido deshacer todo el movimiento cantonal de la provincia de Castellón. Frase textual: “Es un oficial de buenos servicios y dotes de mando, digno de la consideración del Gobierno.
 
   Veinte días más tarde el Capitán General destituye a Villacampa “por no tener condiciones ni dar resultados”. ¿Qué había ocurrido para un cambio tan radical en la opinión del General y, sobre todo, en tan corto espacio de tiempo?. El País, años más tarde, afirmaba vagamente que Martínez Campos pudiera haber sondeado al brigadier sobre la posibilidad de contar con su apoyo en caso de tener que aplicar un golpe de fuerza a favor de la monarquía exiliada , y el segundo se había opuesto. No es descartable, y podría explicar perfectamente que el Capitán General quisiera apartar a un posible opositor. Tampoco se me ocurre otra explicación más razonable a la vista de cómo se desarrollaron los hechos posteriormente.
 
   La noticia de su destitución le llegó a Villacampa cuando entraba en Castellón, de vuelta de una expedición a Vinaroz. Con su habitual talante resolutivo, el brigadier, sin esperar la anunciada llegada del vapor Levante, tomó una barca pescadora y se llegó hasta Valencia. Allí envió un telegrama al Ministro de la Guerra quejándose de su caso y pidiendo la apertura de una sumaria “en vindicación de su honra militar”, tal como poco después informaba el diario local Las Provincias. Esa misma noche se presentó en la casa del Capitán General, donde Martínez Campos se hallaba reunido con el alcalde y demás autoridades republicanas; entró directamente hasta el grupo de civiles y allí les ofreció sus servicios personales, como soldado, “para empuñar un fusil uniéndose a los voluntarios de la libertad.”. Fácilmente puede uno imaginarse el rostro atónito de Martínez Campos, ante la osada actitud, ciertamente bastante descortés (aunque ya no estaba bajo sus órdenes), del brigadier.
Dibujo de la Tumba de Villacampa en el antiguo cementerio de San Carlos
 
 
Tumba actual de Villacampa
  

   Poco más tarde redactó un informe sobre su actuación en la zona del Maestrazgo cuya lectura confirma que su destitución estaba injustificada, informe que envió al Ministro de la Guerra del nuevo Gobierno de Castelar, quien quedó plenamente convencido de la arbitrariedad del cese, hasta el punto de que con fecha 23 de octubre siguiente era repuesto en el cargo de Gobernador militar de Castellón. Un desaire para Martínez Campos que debió apuntar en su agenda personal de cara a los trabajos preparatorios del posterior golpe de Sagunto.

 
 
 
 
 
 
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