La historia revisada
Villacampa en Melilla              
3
 
Fotografía de Melilla tomada en 1885
   
En Melilla

    Manuel Villacampa llegó a Melilla el 15 de febrero de 1887. De su estancia en la plaza no tenemos más información que la facilitada por su hija Emilia, que le acompañó durante la mayor del tiempo, la no muy pródiga, pero interesante, que guarda el Instituto de Historia Militar, y la escasa e inédita existente en el Archivo General de la Administración del Estado.
 
    Algunos diarios madrileños de la época, generalmente los republicanos, recogen las vivencias de la hija del exbrigadier durante su etapa africana, siempre como soporte para arremeter contra el gobierno de la monarquía, en numerosas ocasiones con evidente exageración. Por ello es preciso andar con tiento a la hora de distinguir lo real de lo desfigurado por la pasión política.
 
     Era Gobernador de la plaza el brigadier D. Teodoro Camino Alcobendas, quien durante su breve estancia en la plaza apenas tuvo otro sobresalto mayor que, precisamente, la comunicación recibida del Gobierno en septiembre de 1886, recién llegado al cargo, para que se mantuviera alerta ante los acontecimientos desarrollados en la capital; gobierno por otra parte tranquilo, después que el brigadier Macías, antes de que, por su destitución, disfrazada de cambio de destino, le hubiera dejado el mando de la Plaza en las mejores relaciones con las cabilas cercanas.
   
     Que el brigadier Camino no sentía la menor simpatía por el exmilitar se vio por cuanto desde el primer momento quiso tratarle como si fuera un presidiario más, cuando estaba claro que no era el caso. Quiso obligarle a vestir el mismo traje de aquellos y trató de afeitarle la cabeza y la barba, a lo que Villacampa se negó rotundamente, ya que se consideraba un preso de carácter político y no de derecho común. La hija -gran carácter– se puso del lado de su padre, enfrentándose con todo el mundo, pues desde su llegada al lado de su progenitor se intentó entorpecer la convivencia entre padre e hija. Emilia Villacampa afirmaba que durante mucho tiempo los oficiales de guardia entraban dos y tres veces por la noche en su habitación para comprobar que el confinado no intentaba evadirse, manteniéndole en vela forzosa, actitud exagerada que daría a entender que se limitaban a cumplir categóricas órdenes superiores. El alojamiento de Villacampa se reducía a una pequeña habitación sin más hueco y luz que la de la puerta de entrada; según El País , órgano del zorrillismo, "construido ex profeso para el reo en el fondo de un patio sombrío que rezumaba humedad", rematando la descripción: "más que prisión, tumba anticipada".
 
   Tres meses más tarde cesa en el cargo el brigadier Camino y es sustituido por el del mismo empleo D. Mariano de la Iglesia, un hombre que, como el anterior, había conseguido casi todos sus ascensos por méritos de guerra, y quien se hizo cargo del Gobierno militar y político el 12 de mayo.
 
 
 
 
 
 
 

Volver inicio página