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Villacampa en Melilla (I)
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| Por Francisco Saro Gandarillas |
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En
el cementerio de Melilla, en una esquina del primer patio, no lejos
del mausoleo dedicado a los héroes de la guerra de Margallo,
se halla la llamada Galería Nueva, una galería de nichos
que guarda los restos de los antepasados de aquellas familias que,
cuando se hizo el traslado desde el cementerio de San Carlos al nuevo
de la cañada, eran propietarias de las tumbas del cementerio
clausurado.
El día 31 de enero de 1904 le tocó
el turno al ocupante de una peculiar tumba situada en una esquina
del viejo cementerio. Los restos trasladados ocuparon el nicho nä
2 de la fila nä 2 de la nueva Galería, y según consta
en el certificado expedido por el entonces secretario de la Junta
de Arbitrios, el abogado Manuel Ferrer, se trataba de los restos de
un tal Manuel Villacampa, y se le proporcionaba un nicho provisional,
por cinco años, previo pago efectuado por su hija Emilia Villacampa.
Los restos hubieran ido a la fosa común
si en 1909, al término del plazo, Dō Emilia no hubiera abonado
las 125 pesetas que el reglamento de la Junta exigía para conservar
el nicho en propiedad.
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El
nicho sigue, invariable, en el mismo lugar. Pasado un siglo,
no creo que sea temeridad afirmar que la mayoría de los
melillenses ignoran, como la mayoría de los españoles
en general, quien fue el mencionado D. Manuel. Hoy, con periódica
y sorprendente insistencia, unas manos generosas, casi anónimas,
limpian cuidadosamente la tumba, impidiendo que el inmisericorde
paso del tiempo vaya borrando su escueta leyenda y con ella
la última huella material que su ocupante ha dejado en
este mundo.
Manuel Villacampa del Castillo
D. Manuel Villacampa del Castillo nació
en Betanzos el 17 de febrero de 1827, hijo del teniente coronel
graduado capitán de Infantería D. José
Villacampa y Periel, nacido en Laguarta (Huesca), de familia
infanzona, según la Enciclopedia de Aragón,
originaria del lugar de Villacampa en el valle del Serrablo.
D. José era hermano de D. Pedro Villacampa, un héroe
de la guerra de la Independencia que llegó a teniente
general, y a quien algunos colocan, con evidente error, como
abuelo de D. Manuel. |
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| Los restos de Villacampa
ocuparon el nicho nä 2 de la fila nä 2 de la nueva Galería |
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A solicitud de
su madre, entonces viuda, en febrero de 1836 ingresó como cadete
de menor edad, sin goce de haber, ni antigüedad, ni asignación
de cuerpo hasta cumplida al edad de ordenanza, edad que
cumplió en 1839, incorporándose, como primer destino,
al Regimiento del Infante nä 5 .
No voy a seguir con la extensa hoja de servicios
y peripecias de todo tipo de las que fue protagonista D. Manuel Villacampa,
cuyo seguimiento nos conduce inexorablemente al dramático final
de su accidentada carrera militar. Participó en todos los movimientos
militares habidos en España desde el Alzamiento Nacional de
1843, en los primeros de forma pasiva, siguiendo la estela de sus
jefes naturales, y en los siguientes, desde la gloriosa
de 1868, en la que intervino como principal impulsor en Granada, participando
activamente en ellos, sobre todo desde la Restauración, figurando,
entre las cabezas dirigentes, en todos los intentos golpistas de cambio
de régimen a favor de la república hasta el último
de 1886, cuyas consecuencias le llevaron a Melilla. |
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