La historia revisada
La Mezquita del río     
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Mezquita del río, o "del zoquillo", como se la conoce popularmente, en fotografía del autor de 2005
  
 En cuanto a lugar de su instalación, los comerciantes musulmanes optaban por el terreno alto situado detrás de la inacabada iglesia y la central eléctrica, donde hoy se encuentra el colegio España, por ser un lugar equidistante respecto a los barrios con mayor población musulmana, Mantelete y Polígono

  Estando los tristes restos de la iglesia católica a su lado, como un monumento a la desidia, la propuesta no fue tomada en consideración. También se les puso de manifiesto que, cuando se terminara la iglesia en construcción, el volteo de campanas les podía distraer en sus oraciones, asunto que nos retrotrae a cuestiones más cercanas en el tiempo. Allí, en aquel alto, en octubre de 1923, se inauguraron las escuelas públicas, proyecto de Francisco Carcaño.

  Para este momento, el presupuesto de 30.000 pesetas era insuficiente, estando más cerca de las 40.000, teniendo en cuenta que aquel debía atender también a la adquisición del mobiliario ( lámparas, tapices, esteras, etc) destinado al culto.

  El ministro de Estado, señor Allendesalazar, tampoco se hizo cargo de la dotación económica del proyecto. El asunto llegó, incluso, al Congreso de los Diputados, en el que al año siguiente, fue interpelado por el diputado Villanueva –titular, en el puerto de Melilla, del muelle del mismo nombre– que, siendo persistente visitante de la ciudad durante varios años, pasaba por ser buen conocedor de sus asuntos. El ministro de Estado le contestó en el sentido de que él, personalmente, no era contrario a que fuera levantada la mezquita, pero no con fondos del Estado, al no haber dotación para la misma, lo mismo que en ocasiones anteriores se le había negado consignación a las obras de la iglesia del llano.

  Vuelve a terciar Manuel Cañete, desde Orán, poniendo el ejemplo del rey Alfonso XIII, quien al visitar la plaza de Ceuta, había sido conducido a la mezquita de esta ciudad, donde tuvo ocasión de departir con los musulmanes allí residentes, quienes habían recibido con entusiasmo al Sultán de España. Lamenta el periodista que, en una posible visita del Rey a Melilla, no pudiera conversar con los musulmanes en otra mezquita.

  Se formó una comisión de comerciantes musulmanes con el fin de presionar en pro de la consecución de su objetivo. Al de la mezquita se añadió otro que anteriormente no figuraba en su agenda de reivindicaciones: la habilitación de un cementerio, idea que El Telegrama del Rif admitió como muy razonable. La propuesta cogió de sorpresa, pues nadie imaginaba que persona alguna de confesión musulmana quisiera ser enterrada en tierra de cristianos. Hasta entonces las inhumaciones se efectuaban en el cementerio de Sidi Guariach, adjunto a la frontera de Melilla con Marruecos y dentro de la no marcada zona neutral, sin que hasta aquella fecha hubiese habido reclamación alguna al respecto. Pero el asunto quedó en expectativa de futuro, y, como es sabido, ha sido resuelto no hace mucho tiempo.

  De momento, la colonia musulmana debió contentarse con la aprobación, por parte del General Marina, de la propuesta efectuada por aquella, de que en tiempo de ramadán, el estampido del cañón de Camellos señalara el final del día. Cañete, optimista como Lobera, señalaba que “aquel día quedó empezada virtualmente la mezquita de Melilla”.
 
 
 
 
 
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