La historia revisada
  
Fauna virtual
  
El león norteafricano
   
Por Francisco Saro Gandarillas
  
    Recuerdo, en alguno de mis ya lejanos años mozos, haber leído en algún medio, que no puedo precisar, la noticia de que en un lugar recóndito de las montañas de Marruecos se había avistado un ejemplar del mítico león norteafricano. Como no puedo tampoco precisar la época del año en que se dio la noticia no me atrevo a decir que la misma tuviera la consistencia de las habituales en periodos estivales relativas a la enésima aparición del monstruo del lago Ness. Pero en aquella época, según todas las probabilidades, ya no quedaba en el norte de África un solo león que confirmara tan sorprendente aseveración.
    
    Hoy, releyendo las interesantes páginas de la "Revista Hispano Africana", el hace mucho tiempo desaparecido órgano de la Liga Africanista, me topo con un interesante artículo del que fue eminente zoólogo Ángel Cabrera (1879-1960), cuyo título, "Los leones de Marruecos", nos retrotrae a las épocas, ya más que olvidadas, en que el rey de los animales se movía a sus anchas por el territorio vecino.

    En el artículo mencionado, publicado en 1925, Cabrera, insistente visitante de la zona española de Marruecos, escribe que, según el legendario y vitalicio cónsul de Inglaterra en Tánger, sir John Drummond-Hay, hacia el año 1839 todavía quedaban bastantes leones en Guelaya, el territorio marroquí más inmediato a Melilla. Leí la interesante obra de sir John, "Marocco, its wild tribes and savage animals", hace unos cuantos años, gracias a la inestimable colaboración, nunca suficientemente ponderada, del popular Collins, sin la cual nunca hubiese podido leer el puñado de obras inglesas que durante los siglos XVIII y XIX se publicaron con relación a Marruecos y, de rebote, a Melilla y su entorno. Debido a mi mediocre conocimiento de la lengua inglesa no me percaté entonces de la sorprendente afirmación de Drummond-Hay.
 
Detalle del cuadro "La Caza" de Delacroix
  
   Un cuarto de siglo llevo repasando montañas de papeles de todo tipo, relacionados con Melilla y el territorio adyacente y jamás pude leer dato alguno que hiciera referencia a la existencia cercana de leones en época tan tardía. Esto no es una demostración taxativa de que no los hubiera, pero para mí supone una prueba más en la presunción de que el gran felino había pasado mucho tiempo antes al recuerdo.
  
   En 1845, el capitán Alvear, de la guarnición de Melilla, sondeaba a los rifeños presentes en Melilla, sacándoles toda clase de datos sobre el territorio cercano, incluida la fauna, y nadie mencionó a los leones.
 
   Cierto que hay indicios de que en algún tiempo los leones pudieron pisar los campos del Rif oriental, tal como puede apreciarse en la toponimia de la zona, pero no sabemos en que momento aparecieron los nombres geográficos que los recuerdan y por lo tanto no podemos establecer la época.
 
En el siglo XVI
 
   La existencia de leones en Marruecos y Argelia está más que documentada. Es un axioma sobre el que no voy a insistir. En el siglo XVI, según las referencias aportadas por León Africano y Luis de Mármol, debían abundar en algunos parajes del norte de África. Según Cabrera, de las plazas españolas salían a veces caballeros, lanza en ristre, a practicar el deporte de la caza, deporte que, afirma el mismo autor, se prolongó durante el siglo siguiente.

   Para Mármol, "Descripción general de África, 1573", se trataba de un "animal salvaje, recio, animoso y cruel más que otro ninguno", que atacaba a toda clase de animales, salvajes y domésticos. Los "señores africanos" los cazaban a base de lanza y saeta, sacándole de su guarida con el estrépito de atabales, añafiles y dulzainas, y en muchas ocasiones con serias pérdidas en hombres y caballos. Mármol cuenta el caso, ocurrido en la kabila de Temesna (territorio mal definido situado entre los de Chauía y Tadla) en el que un león hirió a once caballos y mató tres hombres. Situaba a los más peligrosos en la propia Temesna, en Fez, cerca de Tremecén, y entre Bona y Túnez. El propio autor asegura –tendremos que creerlo– que en Fez se hacían corridas de leones como si fueran toros, aunque también afirmaba que si no se le tiene miedo y se le hace frente, no ataca, lo que, por cierto, es coincidente con algunos otros autores de los siglos siguientes. León Africano –desconcertante– decía que si un león se presentaba ante una mujer desnuda, avergonzado, llorando y rugiendo, agacharía la cabeza y se marcharía. También situaba a los leones más peligrosos en el bosque de la Mamora, y los más numerosos, aunque también los más cobardes, en un paraje no determinado llamado Agla que Renou, "Description geographique de l’empire de Maroc, 1846", no pudo concretar, situado en las inmediaciones del río Uarga, entre Fez y Uazan, cobardes hasta el punto de que por aquel entonces a un hombre tímido se le decía que era "bravo como los leones de Agla, a los que un ternero les comería la cola"
  
   Tan abundantes eran en esta época que en 1549 se llegaron a juntar 50 leones, cada uno de ellos capturado por un caid diferente, y sus cabezas se colocaron sobre una puerta especialmente construida en la muralla de Marrakech.
   
   Uno de los leones vistos por Mármol tenía una altura de más metro y medio, y él mismo pudo ver un león disecado en Tarudant de casi dos metros y medio de largo.
 
 
 

 
   

 
 
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