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La historia revisada
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Episodios de la Guerra de Margallo: El caso
Farreny
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Algún
órgano de la prensa cotidiana afirmaba que había
prestado servicios al ejército francés en Argelia,
y otro, más atrevido, sugería que pudiera ser
descendiente de algún renegado huido del presidio.
Era Amadi confidente de plantilla del Gobierno
Militar, función por la que percibía la cantidad
de 25 pesetas al mes. Cae de su propio peso, aunque ciertamente
no se suele decir ni en este ni en otros casos similares dados
en el transcurso de la historia de Melilla, que Amadi era lo
que más tarde se llamaría "un agente doble".
Sería inconcebible que no fuera así, porque, aunque
las autoridades de Melilla le permitieron establecerse en el
límite del territorio, su dedicación exclusiva
como informador de los cristianos, le hubiese supuesto la muerte.
Lo que no sabemos es cuanto de real habría en los informes
dados a españoles y rifeños.
Poco antes de los sucesos del 2 de octubre,
Amadi y su familia, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos,
abandonó la zona y se ocultó preventivamente,
bajo la protección del bajá.
José Farreny Riera su agresor, de 39
años, era natural Alguaire, una localidad situada a 12
kilómetros al norte de Lérida , donde hoy en día
no es raro el apellido Farreny. Todos los periódicos
con corresponsales en Melilla aseguraban que tenía una
hermana, menos General Alas, hermano del autor de La Regenta,
presente en la Plaza, quien aseguraba que tenía dos hermanos
y una hermana. Aunque todos afirmaban que era soltero, en septiembre
de 1908, una ronda que en Barcelona se dedicaba a recoger mendigos
callejeros, se encontró con una mujer que afirmaba ser
la viuda de Farreny, y que Amadi la había socorrido durante
mucho tiempo enviándole cantidades en metálico.
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Amadi, el confidente en 1893 |
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Había
sido condenado en 1877, por la Audiencia de Lérida, a cadena
perpetua por un delito de asesinato. Existen dos versiones sobre el
caso. Una de ellas, la Eduardo Muñoz, de El Imparcial, dice
que por hacer prisionero y matar a un confidente del ejército
liberal. Otra de las versiones es la de Rodrigo Soriano, un conocido
progresista y antimonárquico que, por una de esas contradicciones
tan habituales en este mundo, actuaba como corresponsal del diario
conservador La Época. Según Soriano, Farreny fue condenado
por matar al alcalde de Alguaire en un día de elecciones. No
será la única discrepancia entre Muñoz y Soriano,
como veremos después.
José Farreny, de oficio labrador, había
combatido en el lado carlista durante la campaña de su nombre,
habiendo alcanzado el empleo de sargento aunque no sabía leer
ni escribir . Fue hecho prisionero el 27 de agosto de 1875, durante
la toma de la Seo de Urgel por las tropas liberales de Martínez
Campos. En el transcurso del sitio recibió tres heridas, pese
a lo cual se mantuvo en su puesto. Este rasgo llegó conocimiento
del general, quien hizo una visita al hospital, y al ver a Farreny
en el suelo de la sala, ordenó le llevaran a curar a un pueblo
cercano y le dejaran en libertad, dándole 20 pesetas como reconocimiento
de su valor. Nadie hubiese podido sospechar el giro tan distinto que
tomaría una decisión del general 18 años más
tarde.
Farreny fue conducido en principio el penal de Ceuta,
de allí pasó a Chafarinas y finalmente a Melilla. Durante
el tiempo permanecido en la última plaza intentó la
fuga en dos ocasiones. Seis meses antes de los acontecimientos de
octubre de 1893 la intentó junto con otros tres presos, uno
de los cuales fue muerto por disparos hechos desde la plaza; un segundo
logró escapar, y Farreny y el cuarto fueron detenidos por Amadi
y alguno de sus familiares y devueltos a Melilla.
Durante los escasos días que funcionó
la partida de la muerte, Farreny figuró en todas las listas
de distinguidos.
El consejo de guerra
Un testigo presente en el momento en que fue comunicada
a Martínez Campos la agresión de Farreny aseguraba que
el general se llevó un enorme disgusto y que, sobre la marcha
tomó dos tajantes decisiones: un consejo de guerra sumarísimo
para juzgar al penado y la disolución inmediata de la guerrilla
de Ariza.
Farreny, pues, iba a ser juzgado por un presunto
hecho punible acontecido ante el enemigo.
Inmediatamente se nombró juez instructor
al comandante Eduardo Ramírez Muñoz, secretario del
Gobierno Militar, quien sobre la marcha inició el proceso.
Para presidir el consejo de guerra fue designado
el teniente coronel Alberto Antón Vivas, del regimiento de
África, de la guarnición de Melilla; como fiscal, el
teniente auditor Francisco Pego Méndez; como defensor, el teniente
del regimiento de África Juan Espinar Guerrero, no por casualidad
el oficial más moderno de la unidad. Seis vocales, seis capitanes
del regimiento, completaban la mesa. |
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