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Episodios de la Guerra de Margallo
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| Por Francisco Saro Gandarillas |
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hechos militares acaecidos en el otoño 1893 dentro del territorio
de Melilla, generalmente conocidos como Guerra de Margallo, suelen
ser hoy más conocidos por los sucesos dramáticos ocurridos
en los primeros y últimos días del mes de octubre de
aquel año, aun cuando la opinión pública y prensa
del momento dedicaron mucha mayor atención a la falta de acontecimientos
derivada de la política cautelosa del Gobierno, inquieto ante
las consecuencias que una política de intervención decidida
en Marruecos podía acarrear en los asuntos internos de España
y en la susceptibilidad de las vigilantes potencias europeas con intereses
en el país magrebí. La tardanza en colocar suficiente
número de tropas para garantizar la seguridad de Melilla y
su campo exterior, y la falta de medios indispensables para llevar
adelante una campaña militar que, según la expresión
más común en la prensa, "restableciera el honor
de España", hizo ver a todos que el Gobierno no tenía
gran interés en continuar con una empresa de la que no esperaba
favorables resultados.
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Cuando
el general Macías llega a Melilla para ocupar el cargo
del general Margallo, venía ya con la lección
aprendida: evitar a toda costa cualquier incidente que pusiera
en apuros al gobierno fusionista. Macías había
sido años antes gobernador de la plaza y conocía
muy bien el partido que podía sacarse de la existencia
de un establecimiento penal entre cuyos ocupantes no faltaban
individuos encallecidos ante las dificultades y con pocos escrúpulos
a la hora de actuar. Su utilización en el conflicto permitiría
evitar que un buen número de soldados intervinieran en
servicios diarios de guarnición, como por ejemplo los
convoyes de suministro a los fuertes destacados, con el peligro
cierto de que hubiera bajas fuera de las esperadas operaciones
militares de campaña, lo que desde siempre se traducía
en efectos muy negativos sobre la impresionable opinión
pública y, sobre todo, sobre la prensa adversaria al
gobierno que aprovechaba la ocasión para caldear los
ambientes sociales criticando la "mala política
militar" de Sagasta, presidente del gobierno, y del
general López Domínguez, ministro de la Guerra.
Es por ello por lo que el general Macías
no dudó, desde su llegada, en aprovechar el concurso
de los penados en servicios tales como los mencionados convoyes,
el reparto del correo, la transmisión de órdenes
urgentes, etc, que ahorraba a la tropa su empleo en estas indispensables
pero arriesgadas tareas, a la vista de un enemigo rifeño
que, apostado en sus trincheras, esperaba cualquier oportunidad
para causar el mayor número de bajas entre las t ropas
de la guarnición.
El capitán Ariza
Varios días llevaban los penados prestando
su concurso a la campaña, cuando el 14 de noviembre llega
a Melilla el capitán Ariza.
Francisco Ariza y Gómez era un capitán
de la escala de reserva de compleja personalidad que había
hecho gran parte de su carrera militar combatiendo en la isla
de Cuba, donde llegó a gozar de una cierta popularidad
por sus condiciones de atrevido guerrillero; aunque, eso sí,
poco escrupuloso en sus celebradas actuaciones. Alcanzó
su máxima cota de celebridad cuando hizo prisionero al
general cubano Calixto García, llegando los ecos de hecho
tan singular hasta la propia España. |
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| Soldado
español del Siglo XIX |
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No sabemos que peripecia
personal, tras su vuelta a la península años más
tarde, hizo que se apuntara al bando republicano , hecho que le costó
su pase a la situación de reemplazo, motivo, a su vez, que
le indujo a ponerse en contacto con los revolucionarios encabezados
por el general Villacampa, y a intervenir muy directamente en el golpe
militar de septiembre de 1886, aunque se inhibió en cuanto
vio que las cosas no salían como él esperaba. Fue juzgado
y absuelto por falta de pruebas, pero quedó señalado
para siempre como nada adicto a la monarquía reinante. Desde
entonces fue arrinconado profesionalmente en destinos de poca cuantía
y, por supuesto, lejos de la corte, para evitar cualquier tentación
revolucionaria.
Al comenzar la guerra en Melilla pidió,
como otros muchos, un puesto en el ejército expedicionario.
Como no fue atendido, solicitó licencia por asuntos propios,
y de esta forma salió en dirección a África,
dejando su opaco destino en la Caja de Reclutamiento de Barcelona.
Se dijo por entonces que el motivo de su llegada
a Melilla se debía al hecho de haber conocido en Cuba a los
generales Macías y Margallo. Esto era cierto en el caso del
primero; no en el del segundo, que nunca estuvo en Cuba, basándose
el error, sin duda, en el hecho de que Margallo hubiera mandado el
batallón que recibía el nombre de la isla antillana,
con el que anduvo, durante la guerra carlista, por el norte peninsular.
Según confesión propia, lo hizo "por un impulso
del corazón".
Más bien creo que la intención de
Ariza al llegarse a la plaza nortefricana era el de hacerse perdonar
sus veleidades republicanas y lograrse un adelanto hacia el ascenso
en la lenta escala de Reserva a la que pertenecía.
Las crónicas del momento no nos dicen si
Ariza se acercó a visitar la tumba de Villacampa, su antiguo
jefe en el proceso revolucionario de 1886, olvidada en un apartado
rincón del cementerio de San Carlos. |
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