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La historia revisada
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Colombine en la Campaña del Rif (1909)
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| Mohammed
Asmani El Gato, primero por la derecha, rifeño
al servicio de la Comandancia General |
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Esa misma noche el duque de Rioseco la llevó
en su automóvil, uno de los dos que entonces circulaban por
Melilla, junto con otros periodistas, para que pudiera observar el
campo enemigo desde los lavaderos de mineral de la Compañía
Norteafricana, en la propia frontera de la plaza, donde fueron sorprendidos
por varias descargas de los fronterizos, admirando los presentes la
sangre fría de la periodista, que no quería apartarse
del lugar, pese a que, según escribía con no poca sorna
Urquijo "su voluminosa persona constituye un excelente blanco".
Podemos imaginar el pasmo de los testigos cuando
un día se vio a la escritora, a la grupa del caballo montado
por el teniente coronel Burguete, jefe del batallón de Figueras,
galopando por los campos de Melilla.
También tuvo tiempo de enemistarse con David
Sprengel, un sueco extraño que, como otros seres de difícil
catalogación, apareció por Melilla contando que pensaba
escribir algo sobre los acontecimientos. Pero, como muy bien supo
apreciar Colombine y denunciar, se trataba de un pederasta que andaba
detrás de los jovencillos rifeños y hebreos.
Una anécdota contada por Urquijo
Fernando de Urquijo cuenta un sucedido en el que
se pone de manifiesto algo del carácter singular de Colombine.
La transcribo.
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Colombine, la arrogantísima
colaboradora del Heraldo, ha hecho prisionero el corazón
de un moro. Para tratar de una venta de caballos, fue el otro
día al hotel Victoria un moro de unos 28 a 30 años,
membrudo, verdadero tipo de raza. Entró el moro en el
comedor del hotel, donde se hallaba Colombine con el fotógrafo
Campúa y otros amigos. Uno de estos, por decir algo,
le preguntó al moro:
-Dime, ¿cuanto cuesta una mora guapa?..
El moro se quedó un momento reflexionando y respondió:;
-Mira, según, si la mora guapa, guapa...moro da 100 o
150 pesos...
Colombine, a quien había hecho gracia la respuesta grave
del moro, le hizo otra pregunta sonriendo:
-Oye...¿y un moro...cuanto vale?
El moro se quedó mirando con fijeza a la notable escritora,
la examinó con los ojos de pies a cabeza, y poniendo
en la mirada un lúbrico propósito, repuso al fin:
-¡Yo, moro, para tí cristiana, sin que por mí
pagues!...
Rieron todos la respuesta; pero no es esto lo más notable:
es que el moro ha creído de veras que Colombine le corresponde
y se ha enamorado de ella. Le han explicado que aquello fue
una broma, le han dicho quien es Colombine, que escribe en los
periódicos y que es casada.
Alba, el fotógrafo, le ha dado todas estas explicaciones,
y cuando el moro parecía más convencido y resignado,
le dice a su interlocutor:
¡Ah! ...Tu ser marido de esa cristiana, ¿no?...
Y Alba dio un salto, negó, juró por el Corán,
y aseguró por todos los santones que no es esposo de
Colombine.
Realmente, la situación era apurada...para Alba.
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Ramón
Alba era el magnífico fotógrafo de la revista Actualidades,
según Rittwagen la crónica iconográfica más
completa de la guerra.
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