La historia revisada
El centenario de la Cruz Roja en Melilla             
5
 
  El propio Arauz de Robles fue testigo de la llegada al hospital Docker de los trenes de la Cruz Roja abarrotadas de heridos tras los combates de Sebt y Ulad Daud en octubre, con la presencia masiva de numerosos transeúntes que se agolpan con ansiedad ante las verjas del hospital para presenciar el dramático convoy. Más tarde en Sbuch Sbaa contempla igualmente el incesante va y viene de los automóviles de la institución, a veces con la presencia de las "hermanas" y enfermeras de la Cruz Roja en su interior.
 
  El andalucista García – Nielfa, compañero de Blas Infante, observaba en Zeluán como las voluntarias de la Cruz Roja esperaban en la estación de Zeluán la llegada de los heridos. "Sublimes madrinas de guerra" les llamaba el escritor en su libro Moros y cristianos.
 
  Por razones que no soy capaz de precisar esta labor de la Asociación es prácticamente omitida u olvidada en la mayoría de las publicaciones que se refieren a las campañas de Marruecos, quizá porque la actuación de las tropas combatientes acaparaban el total de la información, por su propio carácter y la indudable "espectacularidad " de las operaciones de guerra.
 
  Hubo un momento, cuando se suscitó el problema del rescate de los prisioneros en poder de Abdelkrim, en que se pensó que la Cruz Roja debía tomar protagonismo en el caso, pero, por diversas razones, la ocasión pasó de largo y nada pudo hacer. Sí pudo, sin embargo, hacer llegar a aquellos una ayuda humanitaria que, cuando les llegó, que no fue siempre , fue muy bien recibida por los cautivos.
 
  Tras el desembarco de Alhucemas el benéfico organismo obtendría breves momentos de atención por parte de prensa y organismos públicos, sospecho que más por la presencia de la Duquesa de la Victoria en el sitio que por el propio trabajo de la Cruz Roja en sí mismo, que, repito, no fue valorado en su justa medida dentro de las numerosas publicaciones, tanto particulares como oficiales, surgidas de los acontecimientos acaecidos en tierras de Marruecos, donde ha sido ignorada, bajo el punto de vista operativo en campaña, con rara unanimidad.
 
El Hospital de la Cruz Roja
 
  No fue este el caso del Hospital de la Cruz Roja de Melilla, quien, en aquellos trágicos días, se llevó el cien por cien de la información, absolutamente positiva, de la relativa al organismo.
 
  El día 29 de julio llegaba a Melilla la Duquesa de la Victoria. Venía, en nombre de la Reina Victoria, con el fin de establecer un hospital de la Cruz Roja, institución muy protegida por la soberana, de quien era Presidenta. Es evidente que al llegar la Duquesa a la ciudad ya estaba acordada de antemano la fundación del hospital, puesto que al día siguiente se comenzaba su transformación en hospital de 200 camas. Mientras se habilitaban las recientemente acabadas escuelas graduadas, pendientes de inauguración en la fecha, se tomaba posesión provisional del Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, en plenas vacaciones estivales, generosamente cedido aquellos, y al que el Marqués de Urquijo aportó 30 camas.
Grupo escolar (1921) convertido en Hospital de la Cruz Roja
 
 
 
Ampliación del Hospital de la Cruz Roja (1926)
 
 
 
Sala de enfermos del Hospital de la Cruz Roja (1923)
  
   Con la Duquesa llegaban varias jóvenes de su mismo entorno social (Merry del Val, Benavente, Navarro, etc), enfermeras voluntarias a las que se sumaban las pertenecientes en Melilla a la Junta de Damas, que, como he escrito líneas arriba poseían una sólida capacitación para el duro trabajo que les esperaba.
 
  Desde el primer momento el hospital recibió toda clase de ayudas provenientes de toda España. La mano extensa de la reina Victoria y las relaciones sociales de la Duquesa de la Victoria no debieron ser ajenas a esta circunstancia. A finales de agosto contaba ya con 150 camas, y el día primero de septiembre entraba en funcionamiento.
 
 
 
 
 
 
Volver inicio página