Terminada
la campaña, la Cruz Roja, con nueva organización
local, pasó a desempeñar cometidos de orden benéfico,
complementarios de los propios de otras asociaciones de tipo
asistencial existentes o creadas en años sucesivos en
Melilla, en una labor común que tuvo como resultado,
me atrevo a decir, una de las actuaciones más destacadas
en España en pro de la atención de los más
desfavorecidos. Bajo la presidencia del notario Roberto Cano,
se amplió su estructura local hasta cuatro vicepresidentes,
un inspector de servicios y un director de almacén, además
de la Sección de Señoras, cuya presidencia ostentaba
siempre la esposa del Comandante General, y la Brigada de ambulancia.
En el cuadro aparecen nombres que estuvieron vinculados al organismo
durante varios años, como el propio presidente Cano Flores,
el ingeniero militar Emilio Alzugaray, el jefe de Correos Lorenzo
Antoine, el ingeniero de minas Luis García Alix, el empresario
Antonio Montes Hoyo o el periodista Jaime Tur, además
del médico, ya citado, Jorge Solanilla, como inspector
del servicios y jefe de la ambulancia sanitaria.
Para allegar fondos, además de las aportaciones
de los socios, se organizaron fiestas benéficas de diversos
tipos o cuestaciones como la llamada " de la Banderita
", en las que participaban directamente las damas voluntarias
de la Asociación. Durante los años veinte la principal
fuente de recaudación fueron las corridas de toros a
beneficio de la institución.
Las cifras recaudadas no eran especialmente llamativas;
en 1916 se recaudaron 3.083 pesetas por cuotas de socios y 1.303
por funciones y cuestaciones benéficas. A finales de
año el número de socios alcanzaba la cifra de
160. En ese mismo año pasaba su sede al número
2 de la calle Tallaví, donde se establecía el
cuartelillo, con oficinas y almacenes
Como ejemplo de prestaciones facilitadas por la
Cruz Roja, tenemos el de las ayudas facilitadas a los damnificados
por el terrible temporal de 1914.
Por decreto de 28 de febrero de 1917 del Ministerio
de la Guerra se crea el Cuerpo de Damas enfermeras, impulsando
la creación de un núcleo de enfermeras con una
base sanitaria sólida a la que el simple entusiasmo y
dedicación de las anteriores voluntarias no conseguía
evidentemente suplir del todo, exigiéndose como condiciones
para acceder como alumna el ser española, tener más
de 17 años y ser asociada de la Cruz Roja. Bajo la dirección
de un médico se daban clases teóricas con arreglo
a un programa previamente establecido y se practicaban exámenes
finales ante un tribunal. Las declaradas aptas pasaban a los
hospitales para efectuar las prácticas necesarias, recibiendo
un nombramiento al final del ciclo.
Del "Desastre de Annual"
al final de las campañas
Los acontecimientos siguientes al llamado "desastre
de Annual ", en julio de 1921, obligaron al Gobierno a
poner a disposición del mando militar de la zona una
cantidad de medios de todo tipo con el fin de restablecer la
situación anterior. Las operaciones militares, que en
algún momento, con franqueza poco habitual, se llegó
a llamar "de desquite", llevaron consigo la aplicación
de servicios parcamente utilizados en ocasiones anteriores,
entre ellos los de la Cruz Roja. Una labor callada la de esta
imprescindible asociación, que hubiera pasado casi totalmente
inadvertida si el soldado de "cuota" Arauz de Robles
no la hubiera recogido en su imprescindible libro "Por
el camino de Annual", en el que refiere el incesante tráfago
de los vehículos de la Cruz Roja conduciendo heridos
desde las posiciones adelantadas hasta Melilla, sobre todo desde
el inicio de la llamada reconquista del territorio con la ocupación
de Nador el 17 de septiembre, momento en que se establece una
permanente la línea de evacuación entre la primera
línea del combate y los hospitales de Melilla, Docker,
Alfonso XIII, Santiago, etc, y, por supuesto, el nuevo de la
Cruz Roja. |
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| Fiesta de "La banderita"
en 1914 |
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Fiesta de "La banderita" en 1914 |
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