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La historia revisada
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El centenario de la Cruz Roja en Melilla
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Una primera ocasión:
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La
Guerra del Rif de 1909
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Son bien conocidos los antecedentes, secuencia
y desenlace de la llamada Campaña del Rif de 1909. Sería
esta la primera ocasión que tuvo la Cruz Roja local para
desarrollar su trabajo benefactor en un escenario propio de
sus fines fundacionales.
No era, sin embargo, propicio el ambiente local
para desplegar los escasos medios a su disposición. En
un artículo anterior he mencionado el poco interés
que el General Marina tenía en facilitar la colaboración
de la Cruz Roja local. Como he escrito en una artículo
anterior, Carmen de Burgos "Colombine", a juzgar por
los testigos, no salió con buena cara de la entrevista
mantenida con el Comandante General, a su llegada a Melilla,
para impulsar la colaboración del instituto benéfico
en la iniciada campaña. Quizá la escritora no
acertó a llegar en el momento idóneo, pues en
agosto las operaciones estuvieron detenidas sin un preciso objetivo
posterior y no había una diáfana conciencia de
por donde iban a evolucionar los acontecimientos. Colombine
se fue de la plaza sin haber conseguido su objetivo.
La evolución de la campaña hizo que
el General Marina tuviera de cambiar de parecer. Antes de comenzar
las operaciones de Beni Sicar ya se sabía que los medios
de evacuación de heridos no eran suficientes y que el
hospital militar del pueblo no disponía de suficiente
personal. Las carencias se exteriorizaron claramente tras el
duro combate de Taxdirt, el 20 de septiembre, cuando los casi
200 heridos y contusos no pudieron ser evacuados en el mismo
día y hubo que esperar al siguiente para, a través
de Rostrogordo, distribuirlos por distintos hospitales, la mayor
parte improvisados.
Es en este momento cuando, ante la falta de personal
sanitario, se procede con urgencia la organización de
una Junta de Damas de la Cruz Roja, con el fin de paliar en
lo posible la carencia de enfermeros, carencia que pasó
por sus momentos más comprometidos cuando practicantes
y enfermeros civiles, que por 1,75 pesetas diarias, menos de
lo que cobraba un jornalero, hacían turnos agotadores,
se fueron despidiendo, dejando gran parte del trabajo en manos
de las benéficas señoras y madres del Buen Consejo.
Las primeras haciendo turnos de seis horas diarias en el Hospital
central, con dos o tres salas por dama; por la noche eran relevadas
por la reverendas madres del Buen Consejo. Una labor, por cierto,
muy poco valorada, pues la media docena de informes finales
sobre la campaña, con una sola excepción, y esta
bastante difusa, ni siquiera las menciona. |
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| El cirujano Fidel
Pagés y Alexandra Wolf durante la visita a un herido
en la campaña de 1909 |
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| Alexandra Wolf en
los recintos del Hospital Central en Melilla La Vieja,
hoy Archivo de la Ciudad Autónoma (1909) |
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Ejemplo
de trabajo desinteresado a favor de la Asociación en Melilla
fue el de la inglesa Alexandra Wolf, conocida en la plaza, donde se
hizo muy popular, como Alejandrina o la "Inglesita", llegada
el 15 de septiembre, en compañía de su hermano Raoul
Wolf, gerente de unas minas asturianas. Venía recomendada al
médico mayor Paulino Fernández Mariscal, con destino
en el Hospital militar de Melilla, en cuyo pabellón de la calle
Ledesma se alojó.
Recién casada, había perdido a su marido
durante el viaje de novios en la ciudad de San Francisco, víctima
del terremoto. Como respuesta emocional se propuso dedicar sus atenciones
a los enfermos y heridos en la primera ocasión que se produjese;
esa fue la campaña del Rif. Alejandrina pretendía incorporarse
a la columna de Sanidad Militar que acompañaba a las tropas
por los campos marroquíes; para ello llegaba con buenas recomendaciones
de la Corte, entre ellas de la familia real. Aunque fue convencida
de que su propósito era imposible, al fin aceptó prestar
sus servicios en el hospital provisional instalado en el teatro Alcántara.
Posteriormente, como dama de la Cruz Roja, pasaría al Hospital
de la plaza de la Parada, donde prestó impagables servicios;
tanto en sala como en quirófano, donde según testigos
era de admirar su sangre fría y su disposición, acompañando
en ocasiones a Fidel Pagés en su extraordinario trabajo como
cirujano. Según expresaba el polémico Eugenio Noel,
el escritor costumbrista que prestaba sus servicios como voluntario
en el regimiento Inmemorial, gran admirador de la inglesa, "tal
vez su talento no ha sido superado en Melilla por nadie".
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