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Normalmente cuando se alude a la historia de Melilla
la mayoría de las veces se toma como punto de partida
la etapa española de la ciudad que se inició
el 17 de septiembre de 1497. Sin embargo, existe constancia
que esta población ha sido habitada, como el resto
del litoral de su entorno, desde tiempos prehistóricos.
No es objetivo de estas páginas exponer profusamente
los datos que se disponen de estos tiempos, pero baste señalar
que en su pequeña superficie han aparecido utensilios
de la época, así como restos de lo que pudo
ser un taller de silex para la fabricación de herramientas.
Quizá lo más
interesante, del recorrido humano de esta población,
se inicia con el asentamiento de los fenicios en la zona.
Así nos encontramos que los textos romanos (Pompolio
Mela, Caio Plinio y Claudio Ptolomeo) sitúan, al este
del Cabo Tres Forcas, la antigua ciudad fenicia de Rusadir
que posteriormente estuvo bajo soberanía cartaginesa.
Durante el Imperio
Romano, con la misma denominación, la ciudad formó
parte de la provincia Mauritania Tingitana, hecho que ha sido
recientemente confirmado en las excavaciones arqueológicas
que se han realizado en los recintos históricos de
Melilla la Vieja.
A la caída del
Imperio Romano se pierde el rastro de las civilizaciones que
pudieran habitar la zona que estuvo dominada por vándalos
y bizantinos, entre otros.
Vuelve a tomar protagonismo
este territorio con la llegada de la expansión islámica
y, desde entonces, pasó a formar parte de los diferentes
estados que controlaron las dos orillas del Estrecho de Gibraltar
y Mar de Alborán. Es en esta época cuando la
ciudad cambia de nombre y comienza a ser conocida con su denominación
actual.
Tras la caída
del Reino Nazarí de Granada, y estando abandonada la
ciudad, el 17 de septiembre de 1497 fue tomada por las tropas
del duque de Medina Sidonia quien la puso a disposición
de los Reyes Católicos bajo la Corona de Castilla.
En el reinado de Carlos I Melilla pasa a convertirse en plaza
de soberanía y presidio del Imperio Español
en las costas del sur del Mediterráneo.
Durante siglos
la población quedó encerrada, en lo que hoy
se consideran los recintos históricos, como un baluarte
de los límites del Imperio Español en períodos
de guerra y paz con los beréberes de la zona. El año
más difícil para la convivencia en la zona fue
1774 debido al sitio que fuerzas marroquíes dispusieron
a la ciudad por orden del sultán Muley Mohamed
Finalizado el levantamiento
del citado sitio, la llegada del nuevo siglo, la Guerra de
la Independencia y el reinado del tirano Fernando VII, el
estatus de Melilla iniciará una leve evolución
abandonando su condición de presidio de Imperio para
convertirse en receptora de penados, los presidiarios, a la
misma vez que iniciaba una andadura comercial como entrada
y salida de mercaderías en la zona norteafricana occidental,
actividad que la convertiría pronto en puerto franco.
En 1862, después
de la batalla de Wad-Rass que enfrentó a ejércitos
de España y Marruecos, se acuerda entre los dos países
unos nuevos límites para Melilla. Con ello la ciudad
se abre, lentamente, fuera de las viejas murallas hasta que
se producen los incidentes que desembocaron en la Guerra de
Margallo en 1893.
El final del Imperio Español
trasoceánico, la presencia en la zona de Bu Hamara
(El Roghi), la pérdida de poder del sultán marroquí
y la Conferencia de Algeciras desembocaron en la creación
del Protectorado Español de Marruecos que revolucionó
el estatus de esta zona norteafricana.
En un principio las
tropas españolas, tras sufrir algunos reveses, dominaron
la comarca anexa a Melilla y los españoles civiles
comenzaron a llegar al amparo del ejército colonizador,
que necesitaba todo tipo de aprovisionamiento, y de la extración
de mineral del Rif. Es la época en que miles de personas
buscan una nueva tierra de promisión.
Tras unos primeros
acercamientos para integrar a la población indígena,
ésta rechaza la fuerte presión colonizadora
que les negaba muchos de los derechos que disfrutaba hasta
la llegada de los españoles. En Mohamed Abdelkrim El
Jattabi los rifeños encuentran el líder que
les auna contra los invasores.
El desastre de Annual,
el golpe de Primo de Rivera y el desembarco de Alhucemas,
son episodios de una guerra que acabó después
de entenderse España y Francia para imponer sus respectivos
protectorados. Sin embargo, no llegó a una década
la paz y, pronto, se inició la Guerra Civil Española.
La victoria del bando
de Franco impuso la "bota militar" en Melilla y
en el norte de Marruecos; ambas zonas se convierten en un
reflejo de lo que ocurría en el resto del territorio
nacional, salvo excepciones, en la mayoría de los casos,
económicas.
El tratado con Estados
Estados Unidos y el proceso descolonizador, fomentado por
la Organización de las Naciones Unidas, conllevó
que Marruecos recuperase su independencia. Entonces, Melilla
pierde influencia en la zona y comienza la decadencia, tanto
en población como en economía.
Contra todo pronóstico,
el advenimiento de la democracia y el traslado de poder a
la ciudadanía influyó decisivamente para que
los melillenses comenzaran a regir su destino. Volvió
la inversión, tanto pública como privada, y
se relanzó la economía, principalmente de la
mano de los productos manufacturados en el Oriente Lejano.
Sin embargo, la historia
no estaba cerrada debidamente y la población de origen
beréber no disponía de documentación
que le acreditara su nacionalidad. Los ochenta fueron un largo
camino hacia la integración, mientras que España
entraba en la entonces Comunidad Europea y Melilla quedaba
fuera de la unión aduanera.
También quedaba
pendiente la integración del territorio en la nueva
estructura del estado de las Autonomías en que se había
configurado España tras la aprobación de la
Constitución de 1978. El largo camino, iniciado en
1981, finalizó en 1995 al constituirse en Ciudad Autónoma
en unos momentos de auge económico y en pleno "boom"
de la construcción.
Por lo acontecido desde
entonces, la transferencia del poder al gobierno autónomo
le sentó como "un empacho" a la clase política
que no supo digerir las nuevas competencias. Las luchas por
el poder conllevaron diversas mociones de censura que sumergieron
la ciudad en una larga crisis política, a la par que
el comercio, tradicional fuente de ingresos, iniciaba una
lenta decadencia.
Tras el incidente de
Perejil y los resultados de las elecciones locales de 2003,
se ha iniciado una nueva etapa de difícil previsión
en su desenlace. El alto índice de paro, la escisión
de la sociedad en bloques y la incertidumbre en las perspectivas
económicas ante la bajada de aranceles de Marruecos,
previstas para el 2010, son factores que determinarán
el futuro del estatus de la ciudad diferente al actual.
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