08/11/2005
  
Debate del Estado de las Autonomías en el Senado

Intervención de Juan José Imbroda y réplica de José Luis Rodríguez Zapatero
   
El señor PRESIDENTE DEL SENADO (Rojo García):
   
 
    A continuación, tiene la palabra el presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla.
   
El señor PRESIDENTE DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE MELILLA (Imbroda Ortiz):
   
 
    Muchas gracias.
 
  Señor presidente del Senado, señor presidente del Gobierno, señora y señores presidentes de las comunidades autónomas, señor presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, señorías, en primer lugar, yo también me solidarizo con el estado de salud del compañero, Rodríguez Ibarra, y del mismo modo muestro mi solidaridad al presidente, señor Chaves, ante el luctuoso accidente que ocurrió ayer en Andalucía.
 
  Señor presidente, quiero empezar expresándole mi malestar por la ausencia total en sus intervenciones, tanto de ayer como de hoy, de alguna mención específica a la Ciudad Autónoma de Melilla. Es más, en su última intervención no me ha parecido de recibo que dijera, que habiendo escuchado ya a todos los presidentes autonómicos, les iba a responder. Porque allá abajo, señor presidente, en la España norteafricana hay 150.000 españoles. Y allí abajo se siente, se quiere a España, pero tenemos los mismos problemas que hay aquí, más los añadidos de nuestra lejanía. Muchas veces parece que por estar allí tenemos menos derechos, y lo pensamos porque los hechos nos lo demuestran. Así que, señor presidente, lamento mucho esa ignorancia que hasta este momento ha manifestado usted en el debate.
  
  Dicho esto, señor presidente, como usted bien sabe, nosotros lo hemos pasado mal. Melilla lo ha pasado mal, España también, pero Melilla mucho más a causa de estos dos meses, que casi de continuo hemos estado sometidos a una invasión permanente y, sobre todo, a un desamparo. Parecía que no éramos capaces de defender nuestras puertas, parecía que teníamos casas de puertas con cortinas. Y allí, en doce kilómetros cuadrados, se notaba mucho, créame, señor presidente. Fíjese que lo que ha pasado ha hecho que ya no sea desconocido para nadie que Melilla es frontera de España en el norte de África y, también, que Melilla es frontera de la Unión Europea. Por fin la Unión Europea se ha dado cuenta de que un señor que saltaba esa valla estaba entrando en Berlín, en Barcelona, o en cualquier lugar de Europa. Por lo menos nos cabe el consuelo de que la opinión pública internacional sabe que en el norte de África hay una ciudad que se llama Melilla y que es española.
 
  Esta situación delicada y compleja desde un punto de vista geoestratégico o geopolítico es especial porque Melilla, como todos sabemos, está en el límite de dos mundos, en dos espacios políticos, sociales y económicos distintos, pero a dos metros de distancia. Y allí donde debiera haber una atención preferente notamos que es al revés, que hay una desatención preferente.
 
  Allí debe estar la España y la Europa democrática, desarrollada y avanzada, dando ejemplo de su desarrollo, su solidaridad y su democracia, teniendo en cuenta la presión que a pocos metros nos hacen y que se trata de dos mundos con diferencias abismales. Este mundo que nosotros representamos allí, dentro de nuestras limitaciones y posibilidades, parece no haber sido atendido ni por el Gobierno ni por la Unión Europea, atención que reclamamos en ambas esferas inútilmente. La realidad de nuestro alejamiento hace que los melillenses consideremos que nuestra frontera lo es entre Melilla, nuestra nación y Europa. Esa es la sensación que nos causa, señor presidente. Melilla es una ciudad donde parte de su población se nutre de la inmigración, lo que ha dado como resultado una realidad compleja, pero una rica composición social. Por si ustedes no lo saben, un tercio de su población es de origen bereber, musulmana, un dos o tres por ciento sefardí, de religión judía, y el resto de origen peninsular. Por lo tanto, la inmigración ha significado también una riqueza cultural importante y, por ello, en Melilla podemos decir hoy en día, algo de lo que siempre hemos presumido, que es posible la convivencia, la tolerancia, el respeto y la paz, como estamos demostrando día a día. Toda esta situación, que es compleja y necesita apoyos, no está siendo bien percibida por su Gobierno ni por la Unión Europea. Creo que así se lo manifesté a usted en la entrevista que tuvimos hace más de un año, donde le pedí que usted, como presidente, y su Gobierno consideraran a Melilla como una ciudad en la que había que realizar una política de Estado, donde había que olvidar unos colores políticos y en la que todos tendríamos que arrimar el hombro para sacarla adelante. Señor presidente, necesitamos una ciudad estable en lo político y en lo social, y eso exige conocimiento, decisión por su parte y verdadero diálogo, diálogo que hasta ahora ha faltado. Es más, yo creo que ha sobrado desconocimiento e indecisión, prueba de ello fue -y creáme que siento decirlo y calificarlo así- el infeliz y desgraciado mutis o silencio que usted señor presidente escenificó cuando le preguntaron aquello de la soberanía compartida de las dos ciudades autónomas entre Marruecos y España. Además, usted nos ningunea, porque ha sido así, y nos impide asistir a una cumbre hispano-marroquí -un mal gesto que no nos ayuda precisamente a consolidar situaciones de presencia española-, al igual que lo hace en las reuniones que a nivel inferior se celebran con Marruecos para tratar el tema de los menores extranjeros no acompañados, siendo nuestra ciudad autónoma la que más ha sufrido y está sufriendo este tema, la que primero alertó de lo que estaba pasando y la que más propuestas ha realizado al Gobierno central para solucionar el problema. Usted sabe que nosotros, a parte de las costosas inversiones, no hemos sido capaces de repatriar a ningún menor con su familia de origen. Marruecos nunca ha querido. Nosotros tenemos 300 menores a los cuales nuestra legislación, que justa, les da educación, manutención y hogar, pero el principal punto de arraigo en el desarrollo de un menor es estar con su familia, mientras que todavía no ha sido posible repatriar a un inmigrante a Marruecos. Sin embargo, he leído que, precisamente ahora, cuando parece que en las costas andaluzas han entrado más menores de los que Andalucía es capaz de acoger, muchos menor en número relativo que el que tenemos nosotros, parece que su Gobierno está hablando de devoluciones a Marruecos.
 
   Le decía que Melilla ha estado sometida a la atención nacional e internacional con motivo de las desgraciadas avalanchas fronterizas. Pero la ciudad de Melilla no es la responsable del problema, sino la víctima. Algún trastornado escribía que si se entraba por la frontera de Melilla a España lo mejor sería que desapareciera Melilla; de esa manera no se entraría por allí. Eso es lo mismo que pedir que cortáramos Fuerteventura, las playas de Tarifa, las de Motril o las del cabo de Gata, puesto que las pateras entran por ahí.
  
  Insisto en que la ciudad de Melilla no es la responsable, sino también víctima, de un problema del que eramos totalmente ajenos; pero, permítame que se lo diga, la indecisión, el desconocimiento y la laxitud demostrada por su Gobierno hizo que nos golpeara frontal y continuamente. La grave incertidumbre, la desconfianza en nuestros medios y el bochorno internacional ante nuestra incapacidad para defender nuestras fronteras causaron mella entre los melillenses, y creo que entre todos los españoles, ante el espectáculo de ver a toda una nación como la nuestra a merced de la oleadas de personas desesperadas, eso sí, buscando un mundo mejor, asaltando impunemente las fronteras.
 
  Los melillenses, señor presidente, hemos sentido muchísima preocupación por nuestro futuro. Sabíamos que en esos momentos no nos estaba amparando un Gobierno que hiciera la tarea debidamente, y teníamos muchas dudas acerca de lo que iba a pasar. Pienso, señor presidente, que se podía haber evitado la intensidad de esos días, y digo esto, porque hacía tiempo que se conocían los asentamientos de inmigrantes en las cercanías de Melilla y también otros intentos de asalto a nuestras fronteras. Pero no se tomaron medidas. Los campamentos tenían situación de estabilidad. En esos momentos no se incrementó la dotación de guardias civiles. Tuvimos que soportar graves y diarios incidentes para que se reaccionara. No se hacía lo necesario, creo yo, con Marruecos, que asistía impasible a los continuos asaltos a nuestras fronteras, y por el contrario se aplaudía una colaboración con ese país, colaboración que en mi opinión sencillamente no existía. Tuvieron que producirse los gravísimos hechos mencionados para que la atención internacional, la preocupación de una ciega Europa y una presión popular obligaran a la adopción de medidas que fundamentalmente, tal como me cansé de denunciar, pasaban por la colaboración decidida del Gobierno de Rabat. Y los hechos me han dado la razón. Cuando el Gobierno marroquí ha actuado se han acabado las invasiones de las fronteras.
 
  Pero pudo ser peor, y en este punto tengo que llamarle la atención con todo respeto, señor presidente. Con la colaboración de Marruecos ya en marcha se dio a bombo y platillo la noticia de que el Gobierno nacional iba a enviar inmediatamente a sus países de origen a los inmigrantes ilegales que habían entrado durante esos días en Melilla. En aquel momento había en Melilla, en 12 kilómetros cuadrados, casi 2.000 personas, un centro de estancia temporal de inmigrantes para 580 personas, tiendas de campaña..., en definitiva, hacinamiento. Se produjeron saltos continuos, agresiones, y el Gobierno anunció, como digo, que se iba a enviar a esos inmigrantes a sus países de origen. Pues bien, tengo que denunciar la imprudencia que ustedes cometieron por anunciar una repatriación de los que allí estaban --precisamente era de los que estaban allí--, el compromiso en que pusieron a las Fuerzas de Seguridad del Estado, y la explosiva situación en que colocaron a la Ciudad Autónoma de Melilla de no haber habido una mente preclara para dirigir el operativo policial y pensar que era mejor embarcarlos hacia Málaga para que posteriormente retornaran a sus países de origen.
 
  Se podría haber generado una situación muy grave, señor presidente, se lo digo sinceramente; no es una crítica gratuita. Pero por fortuna optaron ustedes por trasladarlos a la Península. Trasladaron a 75 personas, aunque después hemos visto en la televisión y en otros medios de comunicación que Marruecos no tuvo ningún comportamiento correcto en lo que a sus derechos humanos se refiere, por lo que realmente quedamos fatal tanto España como Marruecos. Eso sí, ya no se han producido más devoluciones. Aquello que se anunció como la mejor solución, se acabó.
 
  Señor presidente, sé que no es problema de España; sé que no es un problema exclusivamente suyo como presidente del Gobierno. Estamos hablando de la inmigración y estamos hablando del siglo XXI y de las grandes diferencias. Y todos sabemos que el gran reto del siglo XXI no es otro que el de la inmigración. Sé que habrá que atajar el problema de fondo en origen; sé que las soluciones vendrán tras una decidida colaboración de todas la potencias mundiales desarrolladas; sé que se necesitarán muchos años para que se establezca una solidaridad mundial justa; y sé que se necesitarán muchos años -quizá generaciones- para que se le vea la luz a este túnel.
  
  Por lo tanto, soy consciente de que España sola no podrá hacer frente a este fenómeno. Pero también sé que en esa inmigración ilegal -en la que nosotros no hemos puesto los suficientes medios- son inmigrantes condenados a la marginación y a la explotación. Sé que la inmigración tiene que ser regulada legalmente y sé también que usted y su Gobierno han provocado un incontestable efecto llamada. La regularización que ustedes hicieron de los inmigrantes, creame, señor presidente, ha producido un efecto llamada. Pienso también que la legislación de extranjería, sobre todo el reglamento, no ayuda a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para poder devolver a los inmigrantes ilegales.
 
  Señor presidente, de lo primero dan fe las protestas de algunos países europeos que le reprocharon la unilateralidad de sus decisiones que, sin embargo, comportaban efectos multilaterales al resto de la Unión Europea. Es por eso que ahora la Unión Europea empieza ya a tomar medidas.
 
  Señor presidente, a mí me hubiese gustado oírle decir a usted cómo piensa tratar este problema, pero con medidas y claras, y hasta qué punto están concretadas y concertadas las medidas adecuadas y pertinentes tanto con la Unión Europea como con Marruecos. En suma, señor presidente, y desde mi perspectiva de la Ciudad Autónoma de Melilla, le preguntaría si ya podemos dormir tranquilos en Melilla.
 
  También le recuerdo que sería interesante que hubiese sido convocado en estos momentos el Consejo Superior de Política de Inmigración. Hace algunos meses que no se convoca y se debería haber convocado. A raíz de todo esto, y a la luz de lo que está pasando ahora mismo con nuestros vecinos, sería interesante una reflexión profunda de lo que es la integración, de lo que es la inmigración, porque los tiempos soplan revueltos.
 
  Por eso, señor presidente, señorías, Melilla tuvo que levantar la voz para decir que era ajena a esta situación. Que además, los melillenses éramos solidarios con estos seres humanos que, como he dicho anteriormente, buscan desesperadamente un mundo mejor. También decimos que el Gobierno tendría que haber sido más firme en las exigencias a Marruecos para que colaborara decisivamente como vecino y aliado preferente de España y de la Unión Europea. Como ya señalé anteriormente, esta demanda no fue comprendida por ustedes y, además, fue fuertemente contestada públicamente. Desde que Marruecos quiso, se acabó la presión fronteriza.
 
  Quisiera decir aquí que abogo por que cada día sean mejores las relaciones con Marruecos, nación vecina a la que debemos seguir apoyando en su desarrollo político, social y económico. Pero también quiero decir que esas relaciones de amistad deben ser sinceras y leales por ambas partes, y que España no debe tener ningún tipo de complejo, de agravio pendiente con Marruecos, porque, señor presidente, señorías, sencillamente, no existe.
 
  Señor presidente, antes le hablaba de diálogo permanente entre el Gobierno central y el de la ciudad autónoma. Este diálogo no existe, sencillamente, porque ustedes no quieren o nos han ignorado. Hace falta un diálogo de hechos concretos que, además, lo llenen de contenido; uno de carácter material y otro de gestos. Señor presidente, una política de gestos, pero positivos, afianzadores y tranquilizadores y no desmoralizadores, no inquietantemente dudosos.
 
  Vuelvo sobre el particular, y pido perdón por ser pesado en este asunto. No debió usted marginarnos de la Cumbre hispanoárabe. Se equivocó e hizo más débil la posición española. Por lo menos, no tendría que haber convocado a otras comunidades autónomas. Además, se han puesto el parche antes de que les salga el grano. No había presión por ningún lado, y había cierto complejo a la hora de sentarse; la política española está llena de ejemplos de estos.
 
  Yo sé que usted ha hecho protestas de la españolidad de Melilla, señor presidente; lo sé. Lo ha hecho públicamente; se lo agradezco y se lo reconozco; lo ha hecho. Sin embargo, hay momentos de especial importancia. Por ejemplo, al lado del primer ministro marroquí no debió callarse. Es un gesto que nos intranquilizó, señor presidente, permítame que se lo diga. Estaba el primer ministro marroquí a su lado, y era un buen momento para decirle: no hay soberanía compartida ni la va a haber. También creo que debía haber viajado usted a Melilla en los momentos más difíciles. Yo se lo hubiese agradecido, y todos los melillenses se lo hubieran agradecido. También los guardias civiles y la Policía. Acuérdese de los guardias civiles.
 
  Afortunadamente, ya tienen plantillas mejor dotadas que cuando ocurrieron los hechos. Pero entonces, había guardias civiles que doblaban y triplicaban sus servicios, mientras había gente que decía que su labor conculcaba los derechos humanos y la legalidad vigente. Había gente pidiendo comisiones de investigación e incluso llamándoles asesinos, como una asociación que ayer mismo convocó una manifestación en Ceuta -asistieron 500 personas- contra la Guardia Civil, llamándoles asesinos. Pues bien, no hay ni un muerto por la Guardia Civil. Sencillamente, ha empleado todos los medios legales a su alcance. Por mi parte, señor presidente, le pido a su Gobierno que denuncie a esas ONGs que han llamado asesinos a los miembros de la Guardia Civil. Hágalo, señor presiente; es necesario.
  
  Los gestos, señor presidente. Quiero decir con todo respeto que sería muy bueno que Su Majestad el Rey visitara Melilla. Lo digo en esta Cámara, ante todas sus señorías. Representa al Estado, a España. Estaría bien que nos visitase, que fuese a darnos un abrazo; es muy importante para nosotros. Sería muy oportuno que Su Majestad el Rey visitara Melilla, señor presidente. De todos modos, esperamos que algún día se produzca este hecho feliz.
 
  Las cosas que han pasado y los gestos que se han producido han afectado negativamente a la economía de la Ciudad. Nuestros empresarios lo han denunciado ante el Comité Económico y Social Europeo. Aparte de las inversiones públicas, el comercio es un sector fundamental de la economía de la Ciudad; abarca casi un 40 por ciento de la actividad. Nosotros compramos lo equivalente a unos 1.000 millones de euros; mucho para una ciudad de las dimensiones de la nuestra. Eso quiere decir que vendemos la mayor parte. Pero un 70 por ciento de lo que vendemos es peninsular, es español. Estamos hablando de más de 100.000 millones de pesetas; son mercancías que se reimportan. Melilla está ayudando a la economía nacional con esas cantidades, con sueldos, con impuestos, etcétera.
 
  En cuanto al turismo, había empezado a florecer en Melilla. Llevaba tres años creciendo. Melilla tiene un potencial turístico enorme. Tenemos el handicap de las comunicaciones, a las que después me referiré, pero el turismo estaba funcionando. Sin embargo, lo que ocurrió hizo que se anularan algunos congresos que se iban a celebrar en Melilla. La gente se asustó; además, el susto es mayor por la lejanía. Esto ha sido un problema para nosotros.
 
  Por otra parte, estamos tratando de renovar un convenio de dinamización turística de la Ciudad; lo teníamos suscrito con gobiernos anteriores. Pues bien, no nos lo han renovado. No sé si es que consideran que nuestro crecimiento turístico es suficiente o si no se han puesto manos a la obra. La cantidad no era elevada: estamos hablando de poco más de un millón de euros. ¿Por qué no lo renuevan? ¿Por qué se han negado a renovar el convenio? Todo esto, sin contar con los problemas que hemos tenido con la inmigración ilegal. Si puede tirar usted de las orejas a alguien, hágalo. No es por el huevo, es por el fuero.
Señor presidente, le decía que había que hacer políticas de hechos materiales para que el diálogo que demando fuera cierto. Tiene usted una oportunidad de oro en los Presupuestos Generales del Estado para 2006, pero me temo que el interés de su Gobierno por nosotros es el justito porque, ¿cómo es posible que no hayan sido capaces de firmar con nosotros un convenio para la construcción de viviendas sociales en dos ejercicios a pesar de nuestra demanda y a pesar de que Melilla, señor presidente, es la ciudad europea que tuvo el más alto índice de natalidad? ¿Cómo es posible que lleven ustedes dos años ninguneándonos un convenio para la construcción de viviendas sociales cuando con el Gobierno anterior firmamos dos cuyas viviendas son las que estamos ejecutando y entregando ahora mismo? Con esto quiero decirle que con su Gobierno, aunque ahora se pudiera hacer, ya no habría ningún piso acabado en esta legislatura. En todo caso nosotros pondremos algún ladrillo, pero es que Melilla tiene una demanda de viviendas sociales importantes. ¿Por qué nos las han negado? ¿Saben lo que han hecho? Nos han quitado seis millones de euros en el presupuesto de este año, pasando de doce millones y medio que teníamos a seis y pico.
 
  Yo disiento de mi compañero y amigo Juan Vivas en relación con la presencia de la ministra de Medio Ambiente. ¿Cómo es posible que no haya puesto en el presupuesto, señor presidente, ni un euro en costas cuando sabe que tenemos un convenio que hicimos con Jaume Matas, ministro de medio ambiente, que fue ratificado posteriormente y en el cual nosotros hemos puesto ya 3.000 millones de pesetas que están en la mesa de contratación en estos momentos y que ustedes se han echado para atrás en su parte? ¿Cómo es posible? Lo único que nosotros pretendíamos era regenerar el litoral para ocio de los ciudadanos melillenses, para crear empleo y para crear turismo. ¿Por qué no nos han puesto ni un euro? ¿Por qué?
  
  Señor presidente, esto habrá que tratarlo de alguna manera. Si los ciudadanos melillenses ponen su parte y ustedes, a pesar de estar escrito, no ponen la suya, estamos ante algo totalmente denunciable. Habrá que hacer algo.
 
  En el fondo cultural teníamos un dinero para hacer un museo en Melilla y ha desaparecido. Con el Gobierno anterior estaba consignado un presupuesto, había una mesa de contratación y ha desaparecido. No hay un euro. ¿Dónde está? ¿Se ha evaporado? Le aseguro, señor presidente, que había más de un millón de euros destinado al proyecto de rehabilitación del Museo de la española en el recinto histórico-artístico. Ha desaparecido, se lo aseguro. Hemos preguntado y no saben dónde está. En algún sitio estará.
 
  Ahora vamos a hablar de sanidad -estoy poniendo unos ejemplos, señor presidente-. Nos convocan a la Conferencia de Presidentes para hablar de sanidad -antes lo ha dicho bien el presidente de Ceuta-. Usted sabe que en hemodiálisis hemos estado a punto de mandar a los enfermos de Melilla a Málaga, al hospital Carlos Haya, para ser tratados porque con los marroquíes, los inmigrantes y transfronterizos, ya no dábamos abasto. ¿Usted sabe que la sección de ginecología de nuestro hospital está saturada y con un porcentaje muy alto de transfronterizos marroquíes? ¿Sabe que las camas de nuestro hospital las compartimos -con gusto y por solidaridad- con muchísimos marroquíes transfronterizos que vienen y en algunos momentos nos quitan a nosotros la posibilidad de que podamos estar allí? ¿Cómo es posible que ustedes, ahora que han regularizado los problemas de dinero de la sanidad, ahora que han invertido, o lo han intentado, no hayan puesto en este presupuesto ni un euro para ampliar el hospital comarcal de Melilla, cuando estos días atrás los inmigrantes estaban golpeando y en urgencias no se podía atender a los vecinos de Melilla? ¿Cómo es posible que ustedes no hayan puesto un euro para ampliar el hospital comarcal? ¿Por qué no remodelan ustedes el hospital militar? Hagan un convenio con ellos. ¿Cuándo van ustedes a poner un euro para hacer más grande el hospital? ¿Por qué van allí y dicen que van a remodelar el hospital, que van a ampliarlo y no lo hacen? Es una gran frustración porque este es el momento, cuando se ha resuelto, entre comillas, el problema del déficit sanitario de las comunidades autónomas. Este era el momento para subirnos al carro, pero ha sido imposible. (Aplausos.)
 
  Señor presidente, hablemos de comunicación. Esta mañana el presidente de las Islas Baleares hablaba del transporte aéreo y de los problemas que tiene. Usted sabe -si no lo sabe yo se lo digo- que nosotros, los ciudadanos de la Ciudad Autónoma de Melilla tenemos que estar gastando e invirtiendo dinero en una serie de convenios de publicidad (Rumores.) para conseguir un mejor transporte aéreo en Melilla. No voy a extenderme mucho en estos convenios, pero sí le digo que han tenido como objetivo el que haya más número de vuelos y que sus precios sean más interesantes porque son prohibitivos, señor presidente. Aun así y todo, el Gobierno de la Ciudad Autónoma no puede llegar con sus presupuestos a hacer lo que se debería hacer, es decir, aquello que ustedes estuvieron anunciando durante muchos años: que las líneas que hacen vuelos a Melilla sean declaradas de interés público. Lo han anunciado por activa y por pasiva antes de la elección, en la elección y después de la elección de este Gobierno, pero esto no se ha movido ni un ápice y es un verdadero problema, es uno de los cuellos de botella que tenemos en nuestra Ciudad. Señor presidente, yo le aplaudiría muchísimo si usted dispusiera lo necesario -yo se lo ruego- para que esto se pudiera mejorar. Y exactamente ocurre con las comunicaciones marítimas. Sabe usted que tenemos firmado un convenio de cinco años, declarado de interés público, que vencerá dentro de un año y medio. En ese contrato el Gobierno del Partido Popular estuvo dos años y ustedes estuvieron tres. Se mejoró algo, pero no lo suficiente, tengo que decirlo.
 
  Yo le agradeceré muchísimo, señor presidente, que tome usted cartas en el asunto para que las comunicaciones marítimas sean las que necesita una ciudad europea y moderna como Melilla, para que sean las que necesitan todos los españoles para un consumo normal.
  
  Señor presidente, en el presupuesto se les ha olvidado también poner también algo a este respecto -y aprovecho para decírselo porque veo que está sentado junto a usted el ministro de Administraciones Públicas-. Ustedes saben que la lejanía peninsular, la carestía de la vivienda y el desplazamiento obligado de muchos jóvenes para poder estudiar, así como el transporte y muchos imponderables más hacen que allí la vida sea un poco más cara. Ustedes saben que antes había un complemento de indemnización por residencia que se desbloqueó durante el Gobierno anterior por tres veces en tres ejercicios consecutivos, pero cuando han llegado ustedes al poder el año pasado lo han congelado. (El señor ministro de Administraciones Públicas, Sevilla Segura, hace signos negativos.) Yo le pido, señor presidente, que este año lo incluya en el presupuesto. Señor ministro, cuando yo digo congelar estoy hablando de subirlo para que alcance el cien por ciento. No estoy diciendo que lo pongan ustedes con el índice de carestía de vida que ya sé cómo es eso.
 
  Señora ministra, señor presidente, necesitamos hacer un convenio con el Ministerio de Medio Ambiente. En marzo pasado se nos prometió que en mayo se firmaría un convenio del agua con el Ministerio de Medio Ambiente, pero todavía no tenemos idea alguna de qué ha pasado con ese convenio. Sabe usted, señora ministra, que nosotros también tenemos problemas de agua. Sé que se están haciendo cosas y que se están enviando documentos para que se liciten algunas obras, pero de todos modos quiero decirle que el plan hidrológico nacional, en el cual también teníamos nosotros proyectadas obras hidráulicas, se ha parado durante este último año y medio. Además, como digo, hemos estando esperando desde mayo para firmar el convenio que nos habían ofrecido ustedes y para que racionalicemos el agua entre las dos administraciones poniendo todos los medios necesarios para que el agua, que es un problema en la Ciudad de Melilla, deje de serlo. (Fuertes rumores.)
 
  Señor presidente, no ha habido un proyecto nuevo en su Gobierno para la Ciudad de Melilla. Los proyectos que están en marcha son del Gobierno anterior.
  
El señor PRESIDENTE DEL SENADO (Rojo García):
 
 
    Señorías, les ruego guarden silencio, por favor.
    
El señor PRESIDENTE DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE MELILLA (Imbroda Ortiz):
 
 
    Han hecho ustedes bien en continuar algunos de esos proyectos, pero han hecho mal en no continuar con los demás.
 
  Señor presidente, han hecho ustedes lo necesario para que Melilla esté considerada en la Unión Europea como región con desventajas geográficas naturales? Ustedes saben que nosotros tenemos los mismos problemas que pueden tener otras regiones ultraperiféricas.
 
  Hemos ido al Objetivo I. Necesitamos no abandonar ese Objetivo I. No sé si habrá una fórmula transitoria ahora o si se conseguirá, pero por lo menos que nos consideren en Europa como zona con desventaja geográfica natural. Nosotros, señor presidente, necesitamos la misma ayuda que tienen las regiones ultraperiféricas. Es imprescindible que Melilla no sufra merma alguna en el presupuesto financiero europeo de 2007 a 2013 y la consideren como región con desventaja geográfica, como le he dicho.
  
  Finalmente, señor presidente, hablemos de autonomía. (Rumores en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.) ¿Puedo?
  
El señor PRESIDENTE DEL SENADO (Rojo García):
 
 
    Señorías, ¡silencio, por favor!
   
El señor PRESIDENTE DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE MELILLA (Imbroda Ortiz):
   
 
    Hablemos de autonomía. Queremos que se ponga en marcha la disposición transitoria quinta de la Constitución. Nosotros queremos la Constitución, somos constitucionalistas, la respetamos. La disposición transitoria quinta ya está impuesta y queremos que se ponga en marcha. No queremos ser españoles de segunda, señor presidente. No sé si en la cantidad va la calidad del derecho político, pero creo que tenemos los mismos derechos políticos que pueda tener un señor de Albacete o de otro lugar. Por lo tanto, señor presidente, quisiéramos que se pusiera en práctica lo que está en la Constitución y quisiéramos que se pusiera en práctica porque nosotros también queremos reformar nuestro estatuto, pero con sensatez. Nosotros queremos que se reforme nuestro estatuto, por supuesto, pero pidiendo siempre un consenso entre los dos partidos nacionales, el PSOE y el PP. Entiendo que es indispensable y entiendo además que ese consenso es el que debe primar para todas las comunidades y todos los estatutos. Estoy muy preocupado, señor presidente, porque el Estatuto catalán haya salido inconstitucional, como ustedes dicen, con los votos de su partido y que además tenga algunas o muchas diferencias notables que pueden hacernos sufrir a nosotros. Señor presidente, sufrir en nuestro desarrollo diario.
  
  Señor presidente, voy a terminar (Rumores en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.), si me dejan. De todos modos, fíjense, ustedes, quizás en un alarde frívolo y de desconocimiento total, deberían saber que España empieza ahí abajo y que esa España tiene unos problemas que quizás ninguno de ustedes tienen en sus autonomías y que tienen unos problemas añadidos que no podemos ignorar y si se ignoran, entonces podemos tener problemas en un futuro todos, porque los problemas que haya allí, serán para todos. Me han dado la oportunidad de hablar algo, no voy a seguir hablando más. Señor presidente, el Gobierno de la ciudad de Melilla está dispuesto a hablar con ustedes de toda esta materia y de mucha más para el bien de Melilla y de España. ¿Está usted dispuesto?
  
  Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Popular.-)
 
El señor PRESIDENTE DEL SENADO (Rojo García):
 
 
    Gracias, señoría.
 
  Tiene la palabra el señor presidente del Gobierno.
 
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero):
   
 
    Muchas gracias.
 
  Voy a ser muy breve. Quiero hacer referencia a tres cuestiones que han planteado los presidentes de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Creo haberme expresado con corrección esta mañana cuando dije que había escuchado a los presidentes de las comunidades autónomas. Ahora estoy escuchando a los presidentes de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. No fue ningún olvido, sino la utilización correcta de lo que es la representación territorial en estos momentos: comunidades autónomas y ciudades autónomas. He querido interpretar, por tanto, con esa posición que han mantenido los dos presidentes, porque queda registrado en el Diario de Sesiones, que hasta ahora y con todos los gobiernos en Ceuta y Melilla los ciudadanos han sido de segunda, en tanto en cuanto han dicho que no quieren ser ciudadanos de segunda o seguir siendo ciudadanos de segunda y quieren ser ciudadanos de primera. Las cosas deberían meditarse un poco antes de ser afirmadas, porque estamos ante cuestiones que afectan a la política de Estado. No sé cuál es la razón por la que desde 1978 o 1979 hasta aquí Ceuta y Melilla han tenido un estatuto como ciudad autónoma. Me parece poco serio, después de estos veinticinco años, hacer ese planteamiento a este Gobierno. En todo caso, el Gobierno está dispuesto a hablar del futuro del estatus autonómico de Ceuta y Melilla. Pero este Gobierno lleva año y medio, y el Estado de las Autonomías lleva 25 años, y hay que ser serios y rigurosos al hablar.
  
  En segundo lugar, no puedo entender -no es la primera vez que sucede- cómo ha podido extenderse la idea -no responsabilizo a los dos presidentes- de que en alguna rueda de prensa, en alguna declaración pública con el Primer Ministro de Marruecos, eludiese respuesta alguna sobre la españolidad de Ceuta y Melilla y sobre su soberanía. Quiero subrayar esto a pesar de que sé que es algo que ha trascendido. No es cierto -así de claro- por lo que afecta a las preguntas que se me formularon o a lo que he tenido que manifestar en todo momento. Sinceramente, no puede entender más que el que se busque algo extraño con esto, porque delante de cualquiera, del Primer Ministro de Marruecos, del rey de Marruecos, con los que hablado en muchas ocasiones sobre esto, me he manifestado pública y expresamente sobre algo que ni está sometido a discusión ni lo estará. Por tanto, pido -creo que tengo derecho a hacerlo- que, en un tema sensible y de Estado como éste, no se vuelva a decir que he tenido ni silencios si dudas sobre la españolidad de Ceuta y Melilla, porque sencillamente es falso. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.)
 
  Quiero expresar mi profunda comprensión sobre los hechos que durante semana sufrimos en relación con las avalanchas de la inmigración ilegal en Ceuta y especialmente en Melilla. Soy perfectamente consciente de la inquietud y de la preocupación que esos hechos produjeron. Soy también plenamente consciente de la actuación de la Guardia Civil y del Ejército, que colaboró en la tarea de la defensa de nuestra integridad territorial y de la frontera española en Ceuta y Melilla. Fue una actitud ejemplar en una situación difícil, porque era una tarea muy difícil, en la que había que combinar la defensa de los derechos humanos de acuerdo con cómo actúa una democracia y la integridad territorial. Simplemente le quiero recordar que la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército actúan conforme a las órdenes que les da el Gobierno de la nación y, por tanto, su comportamiento es reflejo de las indicaciones y de las instrucciones que cumplen leal y brillantemente la Guardia Civil, la Policía y el Ejército España.
  
  Pero debo decirle algo que me parece también relevante. En la crisis de las avalanchas en Ceuta y Melilla no hubo ningún efecto llamada. Lo tengo que decir con toda contundencia. Es muy fácil la reflexión y la conclusión. ¿Cuál es la causa de que desde 1999 al año 2004 entraran en España cerca de un millón de inmigrantes ilegales? ¿Qué efecto llamada hubo? ¿Quién estaba en la responsabilidad de Gobierno desde 1999 a 2004? De 800.000 a cerca de un millón de inmigrantes ilegales, muchos de los cuales estaban trabajando ilegalmente en España cuando llegamos al gobierno, fraudulentamente, en economía irregular, y la responsabilidad de un gobierno serio es no permitir que haya trabajadores irregulares en nuestro país, porque es un fraude para el conjunto de la nación, un perjuicio para el trabajador y una tolerancia hacia el empresario inasumible, y desde luego este Gobierno no va a tolerar que haya trabajadores ilegales en nuestro país, sean inmigrantes o sean nacionales. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.)
 
  Quiero también subrayarle que cuando tengamos los datos finales de 2005 comprobaremos una paradoja bien curiosa y es el número de entrada de inmigrantes ilegales en España en el 2005 y en el 2004, a pesar de la crisis que hemos tenido.
 
  Quiero decir en esta Cámara con toda claridad que Marruecos ha tenido una colaboración en la crisis, sin la cual no habría habido la respuesta de control de la situación que hemos tenido, porque en eso coincido plenamente con el presidente de Melilla, lógicamente España puede actuar en el lado de su frontera con sus Fuerzas de Seguridad y lógicamente Marruecos es la única que puede actuar, aunque tenemos una colaboración estrecha, dentro de los límites de su frontera, y en cuanto se le ha pedido, ha actuado. Le tengo que recordar que antes de la crisis de las avalanchas, el número de Guardias Civiles y de Policías en Ceuta y Melilla se había incrementado en un 20 por ciento desde que estamos en el Gobierno -por cierto, no son dos años como usted ha dicho, ya hace dos años nos dijeron, sino es año y medio y hará dos años a finales de abril, como bien debe conocer el presidente de Melilla-, pero le diré que la colaboración ha sido positiva aunque comprendo la situación que tiene Ceuta y Melilla, que es difícil socialmente, desde el punto de vista de la integración. Soy plenamente consciente de que comporta una parte de una política de Estado. No quiero entrar ahora en la discusión de las inversiones, de los programas y de los presupuestos porque les quiero anunciar que voy a visitar Ceuta y Melilla a primeros de año acompañado de varios ministros para explicar qué estamos haciendo y para concertar con los dos Gobiernos de las ciudades autónomas aquellas demandas más urgentes que tengan los ciudadanos de ambas ciudades a los que este Gobierno se debe, como a todos los españoles, pero, si me permite, de manera muy singular a aquellos que viven en Ceuta y Melilla.
 
  Muchas gracias, señor presidente. (Prolongados aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.)
    
 
 
 
 
 
 
 







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