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Dice un amigo que me prodigo poco en los escritos y yo reconozco
que es así y que no puedo evitarlo.
Para escribir opinión hay que estar motivado, tener la ilusión
de aportar un punto de vista que sirva para un mejor análisis
de los hechos. Sin embargo, como llevo tiempo pensando que mi percepción
es tan particular que, contemplando el panorama mediático
local, puede ser alineada indebidamente, prefiero callar aunque
con ello otorgue el beneplácito del silencio.
No obstante, a veces, hay hechos o noticias que revolotean junto
a mi, punzando mi entendimiento como diablo cojuelo, para que salga
de la indolencia y me posicione.
Como durante años formé parte del ámbito del
deporte local, primero como practicante y, después, como
tribulete de este área, no puedo callar ante la polémica
que se ha suscitado sobre el cambio de denominación del hasta
hace poco pabellón deportivo Ciudad de Melilla.
Conocí a Javi Imbroda en tiempos infantiles, pues pertenecemos
más o menos a la misma generación, y ya desde entonces
destacaba como buen deportista. Por ello y porque era un joven noble,
agradable y educado, siempre ha sido de mi interés su trayectoria
profesional y me he alegrado, como muchos melillenses, de los éxitos
que ha ido consiguiendo hasta el presente.
El Gobierno Velázquez se equivocó cuando eligió
la denominación Ciudad de Melilla -ya se le dijo
entonces- pues no es adecuado que un recinto deportivo lleve el
nombre de la misma ciudad en la que está ubicado. Basta el
ejemplo de la apertura de una crónica informativa de un evento:
en el pabellón melillense Ciudad de Melilla...,
no pega ni con cola la reiteración al citar la toponimia.
Lo lógico, en aquellos días de su inauguración,
es que se le hubiera dado otro nombre. Por ejemplo, el de Guillermo
García Pezzi, peculiar persona que entregó gran parte
de su vida a la promoción del baloncesto. Así lo solicité
en su momento en un artículo y hoy me congratulo de que,
por fin, una instalación deportiva lleve su nombre.
Colmada mi inquietud sobre el homenaje a Guillermo, hombre al que
recuerdo con nostalgia y cariño ya que nunca hablamos de
política, no tengo ninguna duda sobre que una instalación
que se usa principalmente para el baloncesto lleve el nombre de
Javier Imbroda Ortiz. Se lo merece, simplemente se lo merece y no
hay que perder tiempo en enumerar méritos.
Aquí, en estas líneas, podría referirme al
proceso que se ha seguido para el cambio de denominación
y la polémica suscitada pero eso forma parte de la lucha
partidista, o personalista, que cada día impregna más
la política de nuestra ciudad alejándose de la idónea
convivencia democrática de respeto a los adversarios ideológicos.
No quiero contribuir a esa tendencia que tanto me asquea y que tanto
abunda.
Me alegro de que Javier tenga su reconocimiento y espero que en
un futuro otras instalaciones tengan la denominación de melillenses
que contribuyeron o contribuyen desinteresadamente a que la práctica
deportiva sea posible. Hay muchos y, no sé por qué,
hoy me acuerdo de Antonio Casado, el del fútbol de los más
pequeños, otra gran persona que conocí en mis tiempos
de tribulete deportivo.
Y hay más, muchos más... no sólo hay que homenajear
al triunfador o triunfadora.
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