Opinión
24/03/2009
 
Apatía ante la crispación
 
Hace cuatro meses que escribí el artículo “El reloj parado o la apatía de un tribulete” en el que expresaba la pérdida de interés por aportar mi punto de vista sobre los hechos noticiables que se dan en Melilla. Con el paso del tiempo ese estado de ánimo no ha cambiado y, en todo caso, se ha agudizado la apatía porque dudo del efecto constructivo que pueda aportar mi opinión, expresada a través de este modesto espacio web, ante tanta maquinaria mediática que utilizan quienes gestionan, a nivel de Melilla, las diferentes Administraciones y partidos políticos.

Sin embargo, como escribí aquel 17 de noviembre pasado, hay temas que consiguen apartar mi indolencia y motivar que el tecleo cotidiano trascienda del archivo personal y pase a ser publicado en Internet. Este es el caso de hoy pues llevo varios días barruntando y escribiendo sobre todo aquello que está relacionado con los efectos del último vendaval de viento que sufrió Melilla y que, entre otras consecuencias, conllevó que se convulsionara la cubierta de la nueva Estación Marítima arrastrando tras de si multitud de declaraciones, réplicas, contrarréplicas, dúplicas ... e innumerables versiones sobre lo acontecido y sobre cómo se construyó el citado edificio público.

Pero, no se preocupe lector/a, no voy a contribuir a aumentar el volumen de artículos destinados a este fin porque sólo he hecho referencia al hecho noticiable para centrar su atención sobre los últimos síntomas que muestra la ciudad enferma en que vivimos. El diagnóstico es fácil, la paciente continúa contaminada de gérmenes nocivos, patógenos que le quitan energía y ralentizan el desarrollo previsto.

Hace años que venimos padeciendo las consecuencias de la animadversión personal que se tienen los principales representantes de las formaciones políticas que conforman la Asamblea de Melilla y otros órganos de gobierno. Se han perdido las mínimas formas de cortesía que deben regir en un sistema democrático y la crispación es el tono permanente que se desprende de los hechos noticiables de índole política.

Así no vamos bien. Se está perdiendo el tiempo en minucias ya que las personas que lideran las formaciones se dejan llevar por personalismos egocentrístas y vanidosos con un menosprecio constante al adversario.

Estamos inmersos en una crisis mundial que exige mucha precaución en los movimientos de gobernación. Sobre todo en una ciudad sin motor económico salvo, si se puede considerar como tal, la renta de que dispone el funcionariado.

El índice de desempleo más alto del territorio nacional nos atenaza y se muestra como una sombra de desestabilización futura.

Los fondos provenientes de Europa que tanto hemos dilapidado en ornamentación y proyectos insustanciales, además de emplearlos en construir alguna que otra infraestructura, ya no vendrán como en tiempos pasados...

Mientras, en los periódicos y radios se destacan los insultos, descalificaciones... artículos que complementan “el parte del día” con los relativos a comidas para centenares de jubilados, festejos en asociaciones de vecinos, la utilización del tren fantasma por parte de diferentes grupos locales, ... populismo que se dice y que parece ser la ideología imperante en esta tierra, lo que garantiza los votos, además del correo, claro, ya se sabe.

Estamos en vacas flacas y todavía se comportan como si nadáramos en la opulencia: ¿Dónde está el Régimen Ecónomico y Fiscal?, ¿Por qué no se crea el Consejo Económico y Social?, ¿De qué sirve el Plan Estratégico?, ¿Entraremos en la Unión Aduanera?, ¿Tendremos el billete aéreo a 40 euros como en el aeropuerto de Nador?, ¿Qué repercusión ha tenido tanta subvención para la renovación tecnologica y la sociedad de la información?... ponga usted lector/a el resto de preguntas. Seguro que tiene unas cuantas más.
 
Miguel Gómez Bernardi

 
La Nota del día anterior
24/01/2009
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
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