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La Delegación del Gobierno en Melilla hizo pública
ayer una nota de prensa a través de la que informó
que el Gabinete del ministro de Defensa, tras requerimiento del
delegado del Gobierno en Melilla, José Fernández Chacón,
había confirmado una vez más que el número
global de efectivos de las Fuerzas Armadas en Melilla se mantendrán
en los niveles actuales tras la aplicación del Real Decreto
416 / 2006 de Organización y Despliegue de la Fuerza del
Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del
Aire, así como de la Unidad Militar de Emergencias.
Según la citada nota, en la estructura organizativa del Ejército
de Tierra en Melilla se producirá una reorganización
que afectará a una Batería de Adquisición de
Objetivos, una Bandera de la Legión, una Compañía
de Defensa Contracarros, un Batallón de Transmisiones, que
se transformará en Compañía, y a la Plana Mayor
de Mando del Regimiento de Ingenieros. Asimismo, se añade
en el comunicado, que se prevé que el personal de las unidades
afectadas podrá continuar en la plaza melillense completando
las plantillas de las otras unidades.
También confirma la nota que durante 2007 y 2008 están
previstas por defensa una inversión de 9,9 millones de euros
en infraestructuras en Melilla
O sea, aquí debería darse por terminada una crisis
que ha afectado anímicamente a los/as ciudadanos/as de esta
ciudad y a todas las empresas que, por cualquier razón, estuvieran
meditando instalarse en Melilla y aquellas otras que ya están
aquí y debaten su permanencia en esta tierra.
Una crisis que se inició por un rumor que daba credibilidad
a unas cartas recibidas por mandos militares en las que se les comunicaba
su disponibilidad para ser trasladados. Es decir, una serie de intereses
individuales cegó a dirigentes políticos del Gobierno
local que, antes de confirmar la noticia de forma discreta en consulta
con las autoridades competentes del Ministerio de Defensa, se lanzaron
a una ofensiva mediática a través de la que se ha
fomentado el miedo al futuro de esta ciudad sui generis
y contribuyendo, con altavoz en mano, a una inestabilidad crítica
que todavía hoy perdura y, posiblemente, se plasmará
de forma física esta tarde con la manifestación anunciada.
En "La Nota" que precede a ésta, ya comenté
que tras años de reestructuración de la infraestructura
del Ejército en Melilla, con la Base Alfonso XIII como eje
y el Acuartelamiento Millán Astray como apoyo, era extraño
que la guarnición quedara sólo reducida a un millar
de hombres y mujeres como así anunciaban los miembros del
Gobierno local. Escribí entonces que era mucho traje
para tan poco cuerpo.
En el comunicado gubernativo citado se confirma que, en cuanto a
Cuadros de Mando, las unidades afectadas contarán con una
plantilla cercana a los 400 efectivos, siendo sus existencias
actuales de 410, produciéndose un mínimo excedente
de plantilla fácilmente asumible por el resto de unidades
de la Comandancia General de Melilla. Asimismo, señala
la nota, la nueva plantilla de Tropa, de las unidades afectadas,
está en el entorno de los 2.500, siendo las existencias
actuales de unos 2.200, por lo que no existe ningún sobrante
de plantilla, sino un aumento de la cantidad de tropa en Melilla.
No soy un entendido en temas castrenses pero no hay que ser muy
listo para entender que si se agrupan, Agrupación
que se dice, la fuerzas entorno a determinados espacios físicos,
su estructura debe cambiar y los regimientos que han dejado de tener
cuarteles en propiedad deben reestructurarse conforme a su nuevo
destino y, por ello, el número de sus mandos se verá
afectado. Es sencillo de entender y así deberían de
haberlo hecho quienes tendrían que estar acostumbrados a
gestionar, de forma altamente operativa, con aquilatamiento de costes
en la estructura organizativa.
Pero, claro, cómo lo van a entender quienes gobiernan en
el antiguo Ayuntamiento, hoy Ciudad Autónoma, donde cada
día hay más Consejerías, Viceconsejerías,
Direcciones Generales y entes autónomos públicos (Emvismesa,
Remesa, Promesa, Inmusa, Fundación Melilla Monumental, patronato
de Turismo, Instituto de las Culturas, Patronato de la UNED...),
una estructura tan amplia que podría envidiar cualquier otro
gobierno de comunidad autónoma.
De forma gráfica quizás lo explique mejor: con el
paso de los años la Administración central, antes
muy dispersa en la ciudad con numerosas sedes (tanto en el sector
civil como en el castrense), en base a un diseño más
racional buscando una mejor operatividad, ha ido juntando sus oficinas
y cuarteles mientras que la Administración local, en lugar
de buscar menores costes y mayor eficacia, ha ido dispersando sus
dependencias oficiales alejándose de la Plaza de España,
así como ha ido privatizando muchos servicios públicos
(limpieza, gestión tributaria, red de aguas, jardines, menores
...) que, al fin y al cabo, es otra forma de dispersión.
Quizás, en definitiva, es que estamos ante dos modelos de
gestión, por no entrar en elucubraciones -como señalé
en el comentario anterior- sobre los por qué que han motivado
esta crisis mediática que sólo incrementa el desasosiego
de los ciudadanos/as sobre el comportamiento de quienes hemos elegido
para gobernarnos.
Ahora sólo queda esperar rectificaciones que, posiblemente,
no llegarán.
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