Opinión
11/04/2008
 
El diseño operativo
 

La Delegación del Gobierno en Melilla hizo pública ayer una nota de prensa a través de la que informó que el Gabinete del ministro de Defensa, tras requerimiento del delegado del Gobierno en Melilla, José Fernández Chacón, había confirmado “una vez más que el número global de efectivos de las Fuerzas Armadas en Melilla se mantendrán en los niveles actuales tras la aplicación del Real Decreto 416 / 2006 de Organización y Despliegue de la Fuerza del Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del Aire, así como de la Unidad Militar de Emergencias”.

Según la citada nota, en la estructura organizativa del Ejército de Tierra en Melilla se producirá una reorganización que afectará a una Batería de Adquisición de Objetivos, una Bandera de la Legión, una Compañía de Defensa Contracarros, un Batallón de Transmisiones, que se transformará en Compañía, y a la Plana Mayor de Mando del Regimiento de Ingenieros. Asimismo, se añade en el comunicado, que se prevé que el personal de las unidades afectadas podrá continuar en la plaza melillense completando las plantillas de las otras unidades.

También confirma la nota que durante 2007 y 2008 están previstas por defensa una inversión de 9,9 millones de euros en infraestructuras en Melilla

O sea, aquí debería darse por terminada una crisis que ha afectado anímicamente a los/as ciudadanos/as de esta ciudad y a todas las empresas que, por cualquier razón, estuvieran meditando instalarse en Melilla y aquellas otras que ya están aquí y debaten su permanencia en esta tierra.

Una crisis que se inició por un rumor que daba credibilidad a unas cartas recibidas por mandos militares en las que se les comunicaba su disponibilidad para ser trasladados. Es decir, una serie de intereses individuales cegó a dirigentes políticos del Gobierno local que, antes de confirmar la noticia de forma discreta en consulta con las autoridades competentes del Ministerio de Defensa, se lanzaron a una ofensiva mediática a través de la que se ha fomentado el miedo al futuro de esta ciudad “sui generis” y contribuyendo, con altavoz en mano, a una inestabilidad crítica que todavía hoy perdura y, posiblemente, se plasmará de forma física esta tarde con la manifestación anunciada.

En "La Nota" que precede a ésta, ya comenté que tras años de reestructuración de la infraestructura del Ejército en Melilla, con la Base Alfonso XIII como eje y el Acuartelamiento Millán Astray como apoyo, era extraño que la guarnición quedara sólo reducida a un millar de hombres y mujeres como así anunciaban los miembros del Gobierno local. Escribí entonces que era “mucho traje para tan poco cuerpo”.

En el comunicado gubernativo citado se confirma que, en cuanto a Cuadros de Mando, las unidades afectadas contarán con una plantilla cercana a los “400 efectivos, siendo sus existencias actuales de 410, produciéndose un mínimo excedente de plantilla fácilmente asumible por el resto de unidades de la Comandancia General de Melilla”. Asimismo, señala la nota, la nueva plantilla de Tropa, de las unidades afectadas, “está en el entorno de los 2.500, siendo las existencias actuales de unos 2.200, por lo que no existe ningún sobrante de plantilla, sino un aumento de la cantidad de tropa en Melilla”.

No soy un entendido en temas castrenses pero no hay que ser muy listo para entender que si se agrupan, “Agrupación” que se dice, la fuerzas entorno a determinados espacios físicos, su estructura debe cambiar y los regimientos que han dejado de tener cuarteles en propiedad deben reestructurarse conforme a su nuevo destino y, por ello, el número de sus mandos se verá afectado. Es sencillo de entender y así deberían de haberlo hecho quienes tendrían que estar acostumbrados a gestionar, de forma altamente operativa, con aquilatamiento de costes en la estructura organizativa.

Pero, claro, cómo lo van a entender quienes gobiernan en el antiguo Ayuntamiento, hoy Ciudad Autónoma, donde cada día hay más Consejerías, Viceconsejerías, Direcciones Generales y entes autónomos públicos (Emvismesa, Remesa, Promesa, Inmusa, Fundación Melilla Monumental, patronato de Turismo, Instituto de las Culturas, Patronato de la UNED...), una estructura tan amplia que podría envidiar cualquier otro gobierno de comunidad autónoma.

De forma gráfica quizás lo explique mejor: con el paso de los años la Administración central, antes muy dispersa en la ciudad con numerosas sedes (tanto en el sector civil como en el castrense), en base a un diseño más racional buscando una mejor operatividad, ha ido juntando sus oficinas y cuarteles mientras que la Administración local, en lugar de buscar menores costes y mayor eficacia, ha ido dispersando sus dependencias oficiales alejándose de la Plaza de España, así como ha ido privatizando muchos servicios públicos (limpieza, gestión tributaria, red de aguas, jardines, menores ...) que, al fin y al cabo, es otra forma de dispersión.

Quizás, en definitiva, es que estamos ante dos modelos de gestión, por no entrar en elucubraciones -como señalé en el comentario anterior- sobre los por qué que han motivado esta crisis mediática que sólo incrementa el desasosiego de los ciudadanos/as sobre el comportamiento de quienes hemos elegido para gobernarnos.

Ahora sólo queda esperar rectificaciones que, posiblemente, no llegarán.

 
Miguel Gómez Bernardi

 
La Nota del día anterior
04/04/2008
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
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