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Estamos en plena recesión económica, término
dulce de lo que algunos entendidos, menos corteses con la terminología,
llaman crisis económica mundial y ejemplos hay suficientes
porque los ciudadanos/as desde hace algunos meses ya sufrimos sus
efectos con una inflación desbocada aunque las estadísticas
oficiales la sitúen en un porcentaje bajo.
Del aumento de los recibos mensuales de las hipotecas mejor no hablar
porque asustan y, además, ya sabes que dentro de unos meses
la vivienda que tanto te está costando pagar valdrá
un veinte por ciento menos, según han anunciado los citados
entendidos.
El precio de los productos alimenticios es de escándalo y
sirva como ejemplo la compra que realizó el otro día
una pensionista mientras yo esperaba en la cola del supermercado:
una lata de sardinas, un bollo de pan, una botella de leche y un
litro de zumo. Observé que al pagar sacó una bolsita
de plástico transparente de la que extrajo unas monedas de
menos de diez céntimos de euros y, una a una, juntó
el escaso importe de la compra. Acongojado quedé pensando
si ese puede ser mi destino futuro y decidí que mejor sería
no perder los kilos que me sobran en la actualidad, habrá
que guardar las reservas.
Para agravar las cosas en estos días se reciben las notificaciones
de algunos impuestos de la hacienda local, con los incrementos correspondientes
aprobados por la Asamblea el pasado mes de diciembre, y que tanto
susto conllevó al contribuyente agobiado.
En esa situación de susto económico estábamos
cuando nos enteramos el otro día de la detención de
dos presuntos terroristas que llevaban viviendo en la ciudad una
veintena de años. Un factor más para incrementar la
sensación pesimista sobre el destino de esta ciudad aunque
la cifra de desempleo, por vez primera en muchos meses, cambiara
de tendencia y bajara tímidamente.
Así comenzaba este mes de abril en unos días de provisionalidad
en el Gobierno de España a la espera de la investidura del
presidente prevista para la próxima semana.
Días de transición cuando estalló una nueva
crisis local: primeramente el presidente de la Ciudad dio credibilidad
al difundir un rumor sobre una disminución drástica
de los efectivos militares en Melilla y, día después,
desde Madrid, confirmó y cifró el descenso. Inmediatamente
su escudero principal en el Ejecutivo local Miguel Marín,
se reunió ayer con los principales agentes sociales
y económicos de la ciudad para evaluar la ya noticia... y
llegó a decir que una 10% parte de los actuales residentes
en la ciudad emigrarán en próximos meses.
Los miembros del Ejecutivo local, el parlamentario Gutiérrez,
editorialistas, ... apenas han hecho caso hasta el momento a los
desmentidos de la Delegación del Gobierno.
Asimismo, nadie contactó con el PSOE hasta que su secretario
general, Dionisio Muñoz, compareció ayer públicamente
para confirmar los datos de la Delegación del Gobierno: está
prevista una reestructuración, no una disminución
de efectivos.
Yo no se qué pasará pero dudo mucho que el Ejército,
tras años de reestructuración de su infraestructura
en Melilla con la Base Alfonso XIII como eje y el Acuartelamiento
Millán Astray como apoyo, quede sólo reducido a un
millar de hombres y mujeres. Lo dudo, es mucho traje para tan poco
cuerpo.
Y, tras dejarme llevar por mi intuición, no por datos o documentos,
me interrogo sobre el por qué ahora se conoce esta noticia,
qué efectos secundarios se pretenden y por qué, si
ésta es una cuestión de ciudad (o de Estado según
se entienda), el presidente Imbroda no habló con el secretario
general del PSME-PSOE, representante de la segunda fuerza de la
ciudad en las pasadas elecciones (escasos tres centenares de votos
hubo de diferencia) y de las siglas del próximo Gobierno
de España.
No lo entiendo, o no quiero aceptar que este posible ninguneo haya
ocurrido, sobre todo pensando en futuras crisis.
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