Opinión
04/04/2008
 
Las crisis y el ninguneo
 

 Estamos en plena recesión económica, término dulce de lo que algunos entendidos, menos corteses con la terminología, llaman crisis económica mundial y ejemplos hay suficientes porque los ciudadanos/as desde hace algunos meses ya sufrimos sus efectos con una inflación desbocada aunque las estadísticas oficiales la sitúen en un porcentaje bajo.

Del aumento de los recibos mensuales de las hipotecas mejor no hablar porque asustan y, además, ya sabes que dentro de unos meses la vivienda que tanto te está costando pagar valdrá un veinte por ciento menos, según han anunciado los citados entendidos.

El precio de los productos alimenticios es de escándalo y sirva como ejemplo la compra que realizó el otro día una pensionista mientras yo esperaba en la cola del supermercado: una lata de sardinas, un bollo de pan, una botella de leche y un litro de zumo. Observé que al pagar sacó una bolsita de plástico transparente de la que extrajo unas monedas de menos de diez céntimos de euros y, una a una, juntó el escaso importe de la compra. Acongojado quedé pensando si ese puede ser mi destino futuro y decidí que mejor sería no perder los kilos que me sobran en la actualidad, habrá que guardar las reservas.

Para agravar las cosas en estos días se reciben las notificaciones de algunos impuestos de la hacienda local, con los incrementos correspondientes aprobados por la Asamblea el pasado mes de diciembre, y que tanto susto conllevó al contribuyente agobiado.

En esa situación de “susto” económico estábamos cuando nos enteramos el otro día de la detención de dos presuntos terroristas que llevaban viviendo en la ciudad una veintena de años. Un factor más para incrementar la sensación pesimista sobre el destino de esta ciudad aunque la cifra de desempleo, por vez primera en muchos meses, cambiara de tendencia y bajara tímidamente.

Así comenzaba este mes de abril en unos días de provisionalidad en el Gobierno de España a la espera de la investidura del presidente prevista para la próxima semana.

Días de transición cuando estalló una nueva crisis local: primeramente el presidente de la Ciudad dio credibilidad al difundir un rumor sobre una disminución drástica de los efectivos militares en Melilla y, día después, desde Madrid, confirmó y cifró el descenso. Inmediatamente su escudero principal en el Ejecutivo local Miguel Marín, se reunió ayer con los “principales” agentes sociales y económicos de la ciudad para evaluar la ya noticia... y llegó a decir que una 10% parte de los actuales residentes en la ciudad emigrarán en próximos meses.

Los miembros del Ejecutivo local, el parlamentario Gutiérrez, editorialistas, ... apenas han hecho caso hasta el momento a los desmentidos de la Delegación del Gobierno.

Asimismo, nadie contactó con el PSOE hasta que su secretario general, Dionisio Muñoz, compareció ayer públicamente para confirmar los datos de la Delegación del Gobierno: está prevista una reestructuración, no una disminución de efectivos.

Yo no se qué pasará pero dudo mucho que el Ejército, tras años de reestructuración de su infraestructura en Melilla con la Base Alfonso XIII como eje y el Acuartelamiento Millán Astray como apoyo, quede sólo reducido a un millar de hombres y mujeres. Lo dudo, es mucho traje para tan poco cuerpo.

Y, tras dejarme llevar por mi intuición, no por datos o documentos, me interrogo sobre el por qué ahora se conoce esta noticia, qué efectos secundarios se pretenden y por qué, si ésta es una cuestión de ciudad (o de Estado según se entienda), el presidente Imbroda no habló con el secretario general del PSME-PSOE, representante de la segunda fuerza de la ciudad en las pasadas elecciones (escasos tres centenares de votos hubo de diferencia) y de las siglas del próximo Gobierno de España.

No lo entiendo, o no quiero aceptar que este posible ninguneo haya ocurrido, sobre todo pensando en futuras crisis.

 

 
Miguel Gómez Bernardi

 
La Nota del día anterior
26/03/2008
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
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