30/04/2005
 
 
 
 
 
  20/04/05
 
      
 
 
 
Hechos y costumbres del Marruecos cercano (IX)
  

Nueva visita a la "zawia" de los "Isawa"
para festejar el "Mulud"

  
   La noche del pasado 20 de abril tuve la oportunidad de asistir, nuevamente, a los actos conmemorativos de la víspera de "Al Mawlid", día del nacimiento del Profeta Muhammad (que la bendición de Dios sea sobre él y la paz), el 12 de "Rabii Al Awwal", desarrollados por los seguidores de la Zawia de Sidi Ben Aisa de Beni Chicar, de la "Tariqa Isawa" (fundada a principios del siglo XVI por el "Cheij Al Kaamil" Muhammad Ibn ´Isa as Sufiani al Muhtari, conocido también por "El Haadi Ibn ‘Isa").
   
   El año anterior (ver Melilla Hoy 09/05/2004) estuve esa noche de víspera en la casa de Hussein "Al Muqaddam" (delegado) de la cofradía "Isawa", del Zoco el Had de Beni Chicar, y quedé impresionado por lo que vi, oí y sentí. Por éso, cuando el director del Seminario Permanente de Lengua y Cultura Tamazight, Yahfar Hassan Yahía, me cursó la invitación para cubrir informativamente los actos de este año en otra cofradía "Isawa", no lo dudé y me preparé para asistir a otra velada fascinante.
  
   A la caída de una tarde clara de primavera ascendimos hacia el Gurugú por la carretera principal y, pasadas unas curvas, nos desviamos hacia el oeste, a través de una pista, tras observar un letrero en árabe que indicaba el camino hacia un recinto de la "Tariqa Isawa". Unos centenares de metros después llegamos al paraje conocido como el "Karmud" o "Rgarmud de Adrar" (de donde proceden algunas familias de Melilla) y, seguidamente, al morabo de Sidi Ahmed Mehammed junto al que se alza el recinto de la cofradía de los Ait Mohtariien, descendientes de Mohtar Azirar primer "Al Muqaddam" del lugar.
  
   Desde esa zona de las faldas del Gurugú, a unos cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, se divisa retazos de costa del levante y del poniente del Cabo Tres Forcas, el Zoco El Had, y la mitad occidental de Melilla pues una loma oculta el resto de la ciudad. Todo el horizonte estaba bañado por la luz entre dorada y rojiza del atardecer y el viento fresco de poniente mecía las espigas de la cebada verde, germinada ya, que inundaba todo el campo colindante.
  
El significado de la víspera  
  
   Frente a la casa, sede de la cofradía, en la que ondeaba la tradicional bandera blanca, signo de la festividad, fuimos recibidos por familiares del "Muqaddam" actual, Marzoq Mohtar Mohtar, nieto del fundador, que nos acogieron e informaron del desarrollo del ceremonial a seguir en la noche.
  
   Tras instalar nuestros enseres en la zona que nos habían designado en el salón de ceremonias, cerca ya del ocaso, salimos al exterior atraídos por los sones de flautas y panderos que se aproximaban al recinto. Tras el estandarte, repleto de exvotos, pañuelos que los "isawya" recogen por las casas que visitan por el camino y que se unen a la bandera de la cofradía durante siete días como señal de petición, una decena de músicos y danzantes, vestidos con túnica blanca y turbantes anaranjados, llegaron a la explanada situada frente al recinto donde, al son de flautas y ritmo de panderos, se iniciaron unas danzas rituales mientras la noche se componía.

   En escasos minutos pasamos al salón de ceremonias y allí, mientras tomábamos algo de comida que culminamos con el tradicional té, varios flautistas amenizaron ese tiempo con un susurro musical obtenido de cañas comunes. Seguidamente se iniciaron los típicos salmos cantados por los sufíes quienes, entre otras estrofas, repetían: "bendecir a este profeta, el hachimí, el mutalibí, bendecirle y saludarle. Es nuestro intercesor ante Dios el Día del Juicio Final". Una parada para proceder al rezo de la noche y, a su término, un orador alzó la voz para analizar la incomprensión que tienen algunos sectores ortodoxos del Islam con respecto a las expresiones místicas de los "isawa", a los que recriminan que realizan cultos ajenos a la religión musulmana. Puntualizó que la mayoría de los actitudes contrarias a las prácticas místicas de los "isawa" se basan en impresiones erróneas consecuencia de la ignorancia sobre la esencia de esta escuela sufí. Asimismo, .destacó que los presentes estaban allí, precisamente, para enaltecer con la "Natividad" la figura y el mensaje del profeta del Islam con el significado espiritual que ello conlleva. También habló de la tradición popular que cuenta la llegada del fundador de la "Tariqa" a Mequines que he reflejado en un apartado.
  
La música mística
   
   Tras las palabras explicativas sobre la trascendencia religiosa de la noche, las flautas traveseras interpretaron melodías alteradas por el ritmo acelerado de los panderos y se iniciaron algunas danzas hasta que se decidió salir al exterior, a la explanada frente a la sede de la cofradía que estaba repleta de público. No me extrañó que sólo hubiera varones y que las mujeres observaran el desarrollo de los acontecimientos desde las azoteas. Nuevamente pude disfrutar de las danzas de los "Isawa": el suave mecer en corro de danzantes unidos por las manos mientras recitaban rítmicamente salmos sufíes para albergar en su interior las danzas de otros "isawa", en las que éstos encarnan a diferentes especies animales (camello, león, zorro…) y que pueden llegar a desarrollar cambiantes grados de violencia que disminuyen, rápidamente, con la intervención del guía o director de escena que representa al "Muqaddam", como expresión de su dominio sobre el resto de las criaturas de la creación.
  
   Sobre las cinco de la madrugada se dieron por terminados los actos y nos recogimos en el salón unas pocas personas, principalmente invitados y ancianos que prefirieron culminar la noche en el lugar. Apenas hubo descanso para algunos que instantes después se entregaban al último rezo nocturno, "Al fayr", mientras que otros caímos en duerme vela.
   
   Al amanecer, la montaña se ofrecía en todo su esplendor, húmedo, verde y salpicado de gorgojeos y allí, abajo, Melilla debía estar despertando lentamente con las luces del perímetro marcando sus límites, tan cerca y tan lejos del mundo rural.
   
   La mañana comenzó con actividad frenética en la cofradía y todos los movimientos se dedicaron a la preparación de la romería, unos y otros se ayudaron a preparar los turbantes y adecuar el resto de vestimenta. Con el sol ya en alto la comitiva de peregrinos salió con ritmo vibrante del edificio para realizar unos breves bailes ante su puerta, unos rezos de despedida e, inmediatamente, visitar el morabo de Sidi Ahmed Mehammed como última fase antes de iniciar el camino hacia la "Zawia ed doud", sede comarcal de la "Tariqa Isawa", en la ladera norte de Taquigriat, lugar donde se celebra todos los años la festividad de "Al Mawlid". Antes, los peregrinos "Mohtariien" deberían cubrir dos horas de caminata circunvalando las laderas del Gurugú hacia el oeste, a través de los "duar" (aldea) de Ait Aisa, Ait Alousen, Ait Kamba, Ait Kabuchen, e Iharrun, última parada antes de llegar al morabito de Sidi Benaisa de Beni Chicar, puerta de entrada al recinto de la "Zawia".
   
En la "Zawia"
   
   Dejamos a los "Mohtariien" y preferimos dirigirnos a la "Zawia" en coche porque en la mezquita de Sidi Atzman, en las cercanías de Trara, se reúnen varias cofradías antes de iniciar el ascenso al monte. Allí paramos durante unos minutos para revivir escenas de fiesta similares a la del año anterior y, nuevamente, utilizamos el coche para ascender por la pista que lleva hasta el morabito de Sidi Benaisa, lugar donde aparcamos. Por una senda transitada por personas de todas las edades ascendimos a la "Zawia" donde se habían instalado una serie de puestos para atender toda clase de necesidades.
   
   Mientras almorzábamos estuvimos comentando que, en esencia, se vivía el ambiente de una romería mediterránea: otras vestimentas, otras bebidas, comidas,.. pero, en su base, era una peregrinación hacia el monte para vivir una jornada lúdico-religiosa.
   
   El anfiteatro natural que se alza junto a la "Zawia" se llenó rápidamente de público, más de un millar de personas que aguantó bajó el sol radiante hasta que el ritmo ascendente de las "chirimias" les sacó del sopor. A raíz de ahí, la fiesta: bailes, ritmo trepidante y estados de trance ante un público entregado.
   
   Mientras se desarrollaban las danzas, gracias al hermano del "Cheij de la Zawia", tuve la oportunidad de visitar el interior del recinto religioso donde conversé con hombres venerables que estaban allí reunidos. No tuve problema alguno para conversar con ellos, a pesar de no ser musulmán y periodista, todo lo contrario y, entre otras cosas, me dijeron que el recinto tiene una antigüedad de 840 años y que la actual "Zawia" se instaló allí el siglo pasado aprovechando que ya era un lugar de culto. Como prueba me indicaron el grosor de los muros, de un metro, que soportan el tradicional techo de las construcciones de la región, compuesto de troncos de madera, cañas y tierra prensada. En el recinto, que contornea un amplio patio, también hay una habitación para el recogimiento de las mujeres y otra sala para orar.
   
   Ya en el exterior, la fiesta continuó hasta que unos jóvenes, perteneciente al público que cree asistir a un acto más lúdico que religioso, alteraron el ambiente de fiesta y la reacción de los sufíes fue recitar salmos religiosos para alejar la violencia del lugar. Fue el broche de cierre para una jornada especial en la que nos acercamos a unas formas de expresión religiosa que se difuminan ante la expansión de la sociedad moderna y urbana en que vivimos.
   
   Al final, volví a Melilla con la sensación de que, al margen de libros, urbe y carreteras, conozco muy poco de las tradiciones de la tierra en que he nacido y he elegido vivir.
   
Miguel Gómez Bernardi
     
Artículo publicado en el diario Melilla Hoy el 30/04/2005

  
Cuenta la tradición popular que…
   
   En los tiempos en que Muley Ismael (*) reinaba en Marruecos, éste supo de la existencia en su capital, Mequines, del predicador Muhammad Ibn ´Isa as Sufiani al Muhtari que tenía muchos discípulos.
   
   Se cuenta que Ibn ‘Isa invitaba a la gente a la oración, al culto, meditación y reflexión para luego recompensar a sus seguidores con hojas de olivo que en manos de sus receptores se convertían en monedas de oro o plata.
   
   No tardó en conocerse este milagro del místico entre los habitantes del lugar y sus seguidores aumentaron espectacularmente. 
  
   La noticia corrió como la pólvora y llegó a oídos del sultán por lo que éste se inquietó y ordenó que el "Cheij" compareciera ante él en Palacio. En la audiencia le comunicó a Ibn ‘Isa que no le iba a castigar ni encarcelar por la amenaza que suponía para su reinado pero le ordenó que volviera por donde llegó a su reino y entonces el "Cheij" salió de palacio e inició el viaje al exilio. Durante este camino Muhammad Ibn ´Isa se hizo con una bolsa de piel que comenzó a inflar, poco a poco, conforme se iba alejando de la ciudad de Mequines. Al mismo tiempo, el Rey enfermaba y su cuerpo se iba hinchando. Los médicos de Palacio no supieron encontrar remedio a las dolencias del soberano. Éste hizo llamar a uno de sus consejeros más sabios para preguntarle qué podía estar ocurriéndole. El consejero, tras conocer el diagnóstico de los médicos y ver la situación en que estaba el sultán, le preguntó si había tratado o condenado injustamente a alguien. El Sultán contestó que no pero, rápidamente, cayó en la cuenta de la orden de expulsión cursada sobre la persona de Muhammad Ibn ´Isa. Asesorado por el consejero, el Rey ordenó que se encontrara al predicador y se le informara de la revocación de la orden de expulsión. Así ocurrió, y a medida que Muhammad Ibn ´Isa regresaba a Mequines, soltaba aire de la bolsa y, de esta forma, el Rey mejoraba de sus males. Cuenta la tradición que el Rey recibió en sus aposentos, sin presencia de testigos, al "Cheij", a quien pidió disculpas y garantizó que, desde entonces, los seguidores de la "Tariqa" podrían celebrar libremente en Marruecos sus ritos y cultos durante los días de celebración de "Al Mawlid" sin que nadie les molestara. 
  
(*) En la historia consta que Sidi Ben ‘Isa nació en 1467 en el Sus marroquí y que murió en Mequinés, en 1523, por ello es difícil que el rey a que se refiere la tradición fuera Muley Ismael, sino uno de los cuatro sultanes wattasíes que reinaron a la caída de la Dinastía Meriní. También consta en la historia que Sidi Ben ‘Isa tuvo que exiliarse y estuvo condenado a errar por el desierto, donde obtuvo la "Báraka" para ser invulnerable al veneno de los escorpiones y de las serpientes. Finalmente, regresó a la capital marroquí aclamado por el pueblo.

 

 

 

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