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Hechos y costumbres
del Marruecos cercano (IX)
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Nueva visita a la
"zawia" de los "Isawa"
para festejar el "Mulud"
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La
noche del pasado 20 de abril tuve la oportunidad de asistir,
nuevamente, a los actos conmemorativos de la víspera
de "Al Mawlid", día del nacimiento del Profeta
Muhammad (que la bendición de Dios sea sobre él
y la paz), el 12 de "Rabii Al Awwal", desarrollados
por los seguidores de la Zawia de Sidi Ben Aisa de Beni Chicar,
de la "Tariqa Isawa" (fundada a principios del siglo
XVI por el "Cheij Al Kaamil" Muhammad Ibn ´Isa
as Sufiani al Muhtari, conocido también por "El
Haadi Ibn Isa").
El año anterior (ver Melilla Hoy 09/05/2004)
estuve esa noche de víspera en la casa de Hussein "Al
Muqaddam" (delegado) de la cofradía "Isawa",
del Zoco el Had de Beni Chicar, y quedé impresionado
por lo que vi, oí y sentí. Por éso, cuando
el director del Seminario Permanente de Lengua y Cultura Tamazight,
Yahfar Hassan Yahía, me cursó la invitación
para cubrir informativamente los actos de este año en
otra cofradía "Isawa", no lo dudé y
me preparé para asistir a otra velada fascinante.
A la caída de una tarde clara de primavera
ascendimos hacia el Gurugú por la carretera principal
y, pasadas unas curvas, nos desviamos hacia el oeste, a través
de una pista, tras observar un letrero en árabe que indicaba
el camino hacia un recinto de la "Tariqa Isawa". Unos
centenares de metros después llegamos al paraje conocido
como el "Karmud" o "Rgarmud de Adrar" (de
donde proceden algunas familias de Melilla) y, seguidamente,
al morabo de Sidi Ahmed Mehammed junto al que se alza el recinto
de la cofradía de los Ait Mohtariien, descendientes de
Mohtar Azirar primer "Al Muqaddam" del lugar.
Desde esa zona de las faldas del Gurugú,
a unos cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, se divisa
retazos de costa del levante y del poniente del Cabo Tres Forcas,
el Zoco El Had, y la mitad occidental de Melilla pues una loma
oculta el resto de la ciudad. Todo el horizonte estaba bañado
por la luz entre dorada y rojiza del atardecer y el viento fresco
de poniente mecía las espigas de la cebada verde, germinada
ya, que inundaba todo el campo colindante.
El significado de la víspera
Frente a la casa, sede de la cofradía,
en la que ondeaba la tradicional bandera blanca, signo de la
festividad, fuimos recibidos por familiares del "Muqaddam"
actual, Marzoq Mohtar Mohtar, nieto del fundador, que nos acogieron
e informaron del desarrollo del ceremonial a seguir en la noche.
Tras instalar nuestros enseres en la zona
que nos habían designado en el salón de ceremonias,
cerca ya del ocaso, salimos al exterior atraídos por
los sones de flautas y panderos que se aproximaban al recinto.
Tras el estandarte, repleto de exvotos, pañuelos que
los "isawya" recogen por las casas que visitan por
el camino y que se unen a la bandera de la cofradía durante
siete días como señal de petición, una
decena de músicos y danzantes, vestidos con túnica
blanca y turbantes anaranjados, llegaron a la explanada situada
frente al recinto donde, al son de flautas y ritmo de panderos,
se iniciaron unas danzas rituales mientras la noche se componía.
En escasos minutos pasamos al salón
de ceremonias y allí, mientras tomábamos algo
de comida que culminamos con el tradicional té, varios
flautistas amenizaron ese tiempo con un susurro musical obtenido
de cañas comunes. Seguidamente se iniciaron los típicos
salmos cantados por los sufíes quienes, entre otras estrofas,
repetían: "bendecir a este profeta, el hachimí,
el mutalibí, bendecirle y saludarle. Es nuestro intercesor
ante Dios el Día del Juicio Final". Una parada para
proceder al rezo de la noche y, a su término, un orador
alzó la voz para analizar la incomprensión que
tienen algunos sectores ortodoxos del Islam con respecto a las
expresiones místicas de los "isawa", a los
que recriminan que realizan cultos ajenos a la religión
musulmana. Puntualizó que la mayoría de los actitudes
contrarias a las prácticas místicas de los "isawa"
se basan en impresiones erróneas consecuencia de la ignorancia
sobre la esencia de esta escuela sufí. Asimismo, .destacó
que los presentes estaban allí, precisamente, para enaltecer
con la "Natividad" la figura y el mensaje del profeta
del Islam con el significado espiritual que ello conlleva. También
habló de la tradición popular que cuenta la llegada
del fundador de la "Tariqa" a Mequines que he reflejado
en un apartado.
La música mística
Tras las palabras explicativas sobre la trascendencia
religiosa de la noche, las flautas traveseras interpretaron
melodías alteradas por el ritmo acelerado de los panderos
y se iniciaron algunas danzas hasta que se decidió salir
al exterior, a la explanada frente a la sede de la cofradía
que estaba repleta de público. No me extrañó
que sólo hubiera varones y que las mujeres observaran
el desarrollo de los acontecimientos desde las azoteas. Nuevamente
pude disfrutar de las danzas de los "Isawa": el suave
mecer en corro de danzantes unidos por las manos mientras recitaban
rítmicamente salmos sufíes para albergar en su
interior las danzas de otros "isawa", en las que éstos
encarnan a diferentes especies animales (camello, león,
zorro
) y que pueden llegar a desarrollar cambiantes grados
de violencia que disminuyen, rápidamente, con la intervención
del guía o director de escena que representa al "Muqaddam",
como expresión de su dominio sobre el resto de las criaturas
de la creación.
Sobre las cinco de la madrugada se dieron
por terminados los actos y nos recogimos en el salón
unas pocas personas, principalmente invitados y ancianos que
prefirieron culminar la noche en el lugar. Apenas hubo descanso
para algunos que instantes después se entregaban al último
rezo nocturno, "Al fayr", mientras que otros caímos
en duerme vela.
Al amanecer, la montaña se ofrecía
en todo su esplendor, húmedo, verde y salpicado de gorgojeos
y allí, abajo, Melilla debía estar despertando
lentamente con las luces del perímetro marcando sus límites,
tan cerca y tan lejos del mundo rural.
La mañana comenzó con actividad
frenética en la cofradía y todos los movimientos
se dedicaron a la preparación de la romería, unos
y otros se ayudaron a preparar los turbantes y adecuar el resto
de vestimenta. Con el sol ya en alto la comitiva de peregrinos
salió con ritmo vibrante del edificio para realizar unos
breves bailes ante su puerta, unos rezos de despedida e, inmediatamente,
visitar el morabo de Sidi Ahmed Mehammed como última
fase antes de iniciar el camino hacia la "Zawia ed doud",
sede comarcal de la "Tariqa Isawa", en la ladera norte
de Taquigriat, lugar donde se celebra todos los años
la festividad de "Al Mawlid". Antes, los peregrinos
"Mohtariien" deberían cubrir dos horas de caminata
circunvalando las laderas del Gurugú hacia el oeste,
a través de los "duar" (aldea) de Ait Aisa,
Ait Alousen, Ait Kamba, Ait Kabuchen, e Iharrun, última
parada antes de llegar al morabito de Sidi Benaisa de Beni Chicar,
puerta de entrada al recinto de la "Zawia".
En la "Zawia"
Dejamos a los "Mohtariien" y preferimos
dirigirnos a la "Zawia" en coche porque en la mezquita
de Sidi Atzman, en las cercanías de Trara, se reúnen
varias cofradías antes de iniciar el ascenso al monte.
Allí paramos durante unos minutos para revivir escenas
de fiesta similares a la del año anterior y, nuevamente,
utilizamos el coche para ascender por la pista que lleva hasta
el morabito de Sidi Benaisa, lugar donde aparcamos. Por una
senda transitada por personas de todas las edades ascendimos
a la "Zawia" donde se habían instalado una
serie de puestos para atender toda clase de necesidades.
Mientras almorzábamos estuvimos comentando
que, en esencia, se vivía el ambiente de una romería
mediterránea: otras vestimentas, otras bebidas, comidas,..
pero, en su base, era una peregrinación hacia el monte
para vivir una jornada lúdico-religiosa.
El anfiteatro natural que se alza junto a
la "Zawia" se llenó rápidamente de público,
más de un millar de personas que aguantó bajó
el sol radiante hasta que el ritmo ascendente de las "chirimias"
les sacó del sopor. A raíz de ahí, la fiesta:
bailes, ritmo trepidante y estados de trance ante un público
entregado.
Mientras se desarrollaban las danzas, gracias
al hermano del "Cheij de la Zawia", tuve la oportunidad
de visitar el interior del recinto religioso donde conversé
con hombres venerables que estaban allí reunidos. No
tuve problema alguno para conversar con ellos, a pesar de no
ser musulmán y periodista, todo lo contrario y, entre
otras cosas, me dijeron que el recinto tiene una antigüedad
de 840 años y que la actual "Zawia" se instaló
allí el siglo pasado aprovechando que ya era un lugar
de culto. Como prueba me indicaron el grosor de los muros, de
un metro, que soportan el tradicional techo de las construcciones
de la región, compuesto de troncos de madera, cañas
y tierra prensada. En el recinto, que contornea un amplio patio,
también hay una habitación para el recogimiento
de las mujeres y otra sala para orar.
Ya en el exterior, la fiesta continuó
hasta que unos jóvenes, perteneciente al público
que cree asistir a un acto más lúdico que religioso,
alteraron el ambiente de fiesta y la reacción de los
sufíes fue recitar salmos religiosos para alejar la violencia
del lugar. Fue el broche de cierre para una jornada especial
en la que nos acercamos a unas formas de expresión religiosa
que se difuminan ante la expansión de la sociedad moderna
y urbana en que vivimos.
Al final, volví a Melilla con la sensación
de que, al margen de libros, urbe y carreteras, conozco muy
poco de las tradiciones de la tierra en que he nacido y he elegido
vivir.
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Miguel Gómez Bernardi
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Artículo publicado en el diario Melilla Hoy el 30/04/2005
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| Cuenta la tradición popular
que
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En los tiempos en que Muley Ismael (*) reinaba
en Marruecos, éste supo de la existencia en su capital,
Mequines, del predicador Muhammad Ibn ´Isa as Sufiani
al Muhtari que tenía muchos discípulos.
Se cuenta que Ibn Isa invitaba a la
gente a la oración, al culto, meditación y reflexión
para luego recompensar a sus seguidores con hojas de olivo que
en manos de sus receptores se convertían en monedas de
oro o plata.
No tardó en conocerse este milagro
del místico entre los habitantes del lugar y sus seguidores
aumentaron espectacularmente.
La noticia corrió como la pólvora
y llegó a oídos del sultán por lo que éste
se inquietó y ordenó que el "Cheij"
compareciera ante él en Palacio. En la audiencia le comunicó
a Ibn Isa que no le iba a castigar ni encarcelar por la
amenaza que suponía para su reinado pero le ordenó
que volviera por donde llegó a su reino y entonces el
"Cheij" salió de palacio e inició el
viaje al exilio. Durante este camino Muhammad Ibn ´Isa
se hizo con una bolsa de piel que comenzó a inflar, poco
a poco, conforme se iba alejando de la ciudad de Mequines. Al
mismo tiempo, el Rey enfermaba y su cuerpo se iba hinchando.
Los médicos de Palacio no supieron encontrar remedio
a las dolencias del soberano. Éste hizo llamar a uno
de sus consejeros más sabios para preguntarle qué
podía estar ocurriéndole. El consejero, tras conocer
el diagnóstico de los médicos y ver la situación
en que estaba el sultán, le preguntó si había
tratado o condenado injustamente a alguien. El Sultán
contestó que no pero, rápidamente, cayó
en la cuenta de la orden de expulsión cursada sobre la
persona de Muhammad Ibn ´Isa. Asesorado por el consejero,
el Rey ordenó que se encontrara al predicador y se le
informara de la revocación de la orden de expulsión.
Así ocurrió, y a medida que Muhammad Ibn ´Isa
regresaba a Mequines, soltaba aire de la bolsa y, de esta forma,
el Rey mejoraba de sus males. Cuenta la tradición que
el Rey recibió en sus aposentos, sin presencia de testigos,
al "Cheij", a quien pidió disculpas y garantizó
que, desde entonces, los seguidores de la "Tariqa"
podrían celebrar libremente en Marruecos sus ritos y
cultos durante los días de celebración de "Al
Mawlid" sin que nadie les molestara.
(*) En la historia consta que Sidi Ben Isa nació
en 1467 en el Sus marroquí y que murió en Mequinés,
en 1523, por ello es difícil que el rey a que se refiere
la tradición fuera Muley Ismael, sino uno de los cuatro
sultanes wattasíes que reinaron a la caída de
la Dinastía Meriní. También consta en la
historia que Sidi Ben Isa tuvo que exiliarse y estuvo
condenado a errar por el desierto, donde obtuvo la "Báraka"
para ser invulnerable al veneno de los escorpiones y de las
serpientes. Finalmente, regresó a la capital marroquí
aclamado por el pueblo.
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