19/09/2006
 
Discurso del presidente de la Ciudad Autónoma con motivo del "Día de Melilla"
 
17 Septiembre 2006. 
 
Juan José Imbroda, presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla:
 
En primer lugar quiero saludar y agradecer la presencia en este acto de los excelentísimos señores Ricardo Ehrlich y Raffaele Rizzuto, alcaldes de Montevideo-Melilla y Melilla de Calabria, a cuyas ciudades les fue concedida la Medalla de Oro de nuestra ciudad, pretendiendo que la misma sirva de acercamiento y conocimiento mutuo de nuestros pueblos. Asimismo quiero también saludar y agradecer la presencia de Don Miguel Ángel Fernández Chico, director adjunto operativo de la Policía Nacional a cuyo Cuerpo, representado en la Jefatura Superior de Melilla, también le fue concedida la Medalla de Oro de la Ciudad como prueba de gratitud y reconocimiento a la magnífica labor que sus componentes realizan en nuestra compleja ciudad.
 
No quiero ni puedo pasar por alto que este día 17, Día de Melilla, coincide con la incorporación de Melilla a la unidad española. Unidad que se ha mantenido durante ya 509 años y ha consolidado y proyectado a una ciudad moderna, europea, cosmopolita, tolerante, libre, solidaria y plural. Es por eso por lo que tenemos que enorgullecernos de aquel 17 de septiembre de 1497. Lo tenemos que hacer todos sin distinciones. Qué sería de la Melilla que nos han legado nuestros antepasados sin aquel día 17 de septiembre de 1497. Todos sabemos que estaría en las antípodas de lo que hoy representa y significa. Hay que recordar aquí al alguacil de este lugar, conocido después como Andrés de Melilla, primera persona que ostentó ese apellido y que siendo responsable de una ciudad asolada, pidió a los Reyes Católicos que la tomaran para España.
 
Traigo todo ello a colación por dos razones, una porque la Historia está ahí como patrimonio de todos sin exclusión, recordando que esta Melilla tuvo su origen hace más de cinco siglos, y otra para denunciar a los que piensan que esta Historia no es suya y quieren rescribirla a partir de hace veinte años y lo hacen desde la hipocresía del rechazo histórico, pero sin embargo bajo el paraguas del goce y disfrute material que les reporta hoy aquel acontecimiento histórico que parecen detestar.
 
Nuestra ciudad en los albores del siglo XXI está compuesta por una sociedad tolerante y respetuosa en sus diferentes culturas, valores, que no me canso de decirlo, tenemos todos que preservar, independientemente de los planteamientos políticos y sociales que cada uno quiera proyectar en un régimen democrático como el que disfrutamos. No es Melilla la Arcadia feliz. Tenemos problemas, no todos los engranajes de esta sociedad son perfectos, pero estas dificultades son menores y por lo tanto no suponen ningún riesgo grave para nuestra convivencia. Hay que proseguir en ese empeño y todos juntos rechazar a algunos que se creen “guardadores de las esencias espirituales” y por lo tanto no están dispuestos a admitir cualquier posición diferente y que en una sociedad liberal como la nuestra se pueda dar. Equivalen a los antiguos Torquemada de tan infausto recuerdo. Pero afortunadamente son muy pocos los intolerantes y somos una inmensa mayoría los que estamos en la tolerancia como pilar fundamental de nuestra ejemplar convivencia.
 
Melilla en los últimos años ha prosperado significativamente y así lo indican numerosos parámetros económicos. Estamos por encima de la renta per cápita y familiar media española, y con la ampliación a 25 países de la Unión Europea, hemos salido del Objetivo nº 1 de ayudas comunitarias, al considerarnos que nuestra riqueza estaba por encima del 75 por ciento de la renta media europea. Siguen siendo pilares de ese desarrollo los sectores del comercio, construcción e inversiones públicas. En menor medida el turismo ha tenido una evolución asombrosa en cinco años: los empleados en dicho sector se han multiplicado por cuatro.
 
Pero sin embargo tenemos todavía un fuerte índice de desempleo que se intenta compensar con los llamados Planes de Empleo que iniciamos hace cuatro años. Por ello no es buena noticia que Melilla, para el sexenio 2007-2013, pierda la mitad de los Fondos Europeos, exactamente 72 millones de euros, que harán decrecer las inversiones públicas y repercutirán gravemente sobre el empleo. Hemos reclamado en todos los foros que a Melilla se le considerara como zona con especiales dificultades geográficas: que se asemejara a las ya consolidadas y exclusivas regiones ultra periféricas europeas, pero a pesar de nuestro ahínco no se ha podido obtener. Es por ello por lo que ya planteamos y volveremos a reiterar la petición de que se haga con cargo a los Presupuestos Generales del Estado la compensación de esos 72 millones de euros perdidos.
 
Quiero recordar aquí algunas de las obras de infraestructura realizadas y programadas con Fondos Europeos, tanto Feder como Cohesión: todas las acciones del desarrollo portuario como la futura Estación Marítima, las obras del aeropuerto, las realizaciones de Obras Hidráulicas como la desaladora o el recientemente iniciado Plan de Saneamiento.
 
Melilla no es una ciudad subsidiada, me resisto a aceptarlo, porque no es verdad, y en su caso no lo sería más que la gran mayoría de las Comunidades Autónomas. Quiero recordar aquí lo que significa el PER para muchas ciudades andaluzas o extremeñas. Tenemos un régimen aduanero que data de tiempos de Isabel II ni más ni menos, y una atenuación fiscal que reflejaba la Ley de Bases de 1955. Pero Melilla adquiere productos por valor de 1.000 millones de euros aproximadamente, y de ellos un alto porcentaje a empresas peninsulares. Y eso significa cientos de puestos de trabajo en la península, impuestos estatales, de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos en cantidades muy importantes. Y aquí como todos sabemos nuestro sistema fiscal propio se nutre de estas compras.
 
En cuanto a la financiación autonómica tenemos lo que nos aprueba la Ley Orgánica de Financiación que cubre el costo de los servicios transferidos además de nuestra participación en el Fondo de Compensación Interterritorial. En este punto quiero también manifestar mi preocupación por el debate abierto sobre la financiación autonómica a raíz del nuevo estatuto catalán, que va a afectar de alguna forma al resto de las comunidades autónomas, preocupación que se acrecienta al saber que el incremento de inversiones de los Presupuestos Generales del Estado para este año será para Cataluña. Espero no obstante que todo ello se reconducirá para que en España no se haga más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
 
En este último año se ha materializado lo dispuesto en nuestro estatuto y se transfirieron las competencias de Sanidad después de arduas negociaciones. Sin embargo y a pesar de las promesas escritas y habladas no nos transfirieron o encomendaron áreas solicitadas como el Servicio Público de Empleo, Imserso o Urbanismo. Han sido ocho meses que no han conducido a nada. Bien está dicho ya que el gobierno de la Ciudad y a raíz de la oferta del presidente del gobierno de España va a promover la conversión de Melilla en Comunidad Autónoma y siguiendo lo que dispone taxativa y claramente la Disposición Transitoria Quinta de la Constitución. Y por ello y a partir de este día se convocarán los diálogos necesarios en la comisión de Presidencia de la Asamblea según un borrador presentado, al que le damos la categoría de borrador para que no sea ningún obstáculo al acuerdo o pacto, en suma al consenso que desearíamos alcanzar en el texto definitivo. Pero también quiero dejar claro que el fin es alcanzar un buen Estatuto para Melilla y el medio deseable es el consenso. Es en esa comisión donde se verá claramente en las próximas fechas el interés de unos y otros para conseguir que Melilla y en el desarrollo autonómico se parezca más y por lo tanto tenga los mismos derechos que el resto de los españoles. No obstante manifiesto que tenemos los pies en el suelo y que plantearemos la reivindicación desde la sensatez y la realidad de Melilla.
 
Fue el año pasado cuando el fenómeno de la inmigración golpeó nuestra frontera. Asistimos asombrados a las continuas avalanchas de seres desesperados que se jugaban la vida por alcanzar un mundo deseado. Pero la inmigración ilegal conlleva a la mayoría de esas personas a la explotación y a la marginación y nunca a ese mundo deseado. Afortunadamente hoy no tenemos la magnitud de aquel problema y asistimos también asombrados a la situación creada en las Islas Canarias. Perciben los españoles que el primer problema es la Inmigración, fenómeno complejo en el que no caben para abordarlos ningún tipo de ligerezas ni voluntarismos precipitados.
 
En Melilla hay otro tipo de inmigración que sí nos golpea fuertemente, cual es el de los menores extranjeros no acompañados. Registramos las cifras de menores más altas de España en términos relativos y casi en términos absolutos, por lo que tenemos a pleno rendimiento todos los medios materiales y humanos que disponemos y lo que es peor no sabemos cómo acabará esto. Es fundamental para abordarlo que Marruecos colabore en la repatriación de sus menores y la modificación de las leyes de protección del menor, cuestiones que son básicas para la solución de este problema que aquí es grave por lo que demando la colaboración de la Administración Central y de las Comunidades Autónomas para hacer más soportable este fenómeno.
 
Reitero la voluntad desde el gobierno de la Ciudad para que dentro de nuestras posibilidades podamos colaborar con las poblaciones marroquíes del entorno de Melilla. Recuerdo aquí, órganos promovidos desde la Ciudad Autónoma como la Fundación Hispano-Marroquí, o la Escuela de Negocios, abierta a licenciados marroquíes. Al mismo tiempo quiero expresar mi deseo de que este entorno prospere social y económicamente, y que la gran diferencia de renta entre las dos fronteras, que es de 15 a 1, la mayor del mundo en una región fronteriza, decaiga hasta alcanzar la paridad con nosotros.
 
Este gobierno se comprometió y ha realizado importantes y numerosas actuaciones que están transformando nuestra ciudad, siendo evidente al comprobar el cambio del paisaje urbano, pero esa política también ha convivido con otras de marcado carácter social a la que se destinaron los recursos suficientes para una importante cobertura. No es momento aquí y ahora para hacer balance pormenorizado, pero sí lo es para dejar constancia de la voluntad del gobierno que presido de seguir trabajando para que el fuerte ritmo de actuaciones no disminuya y de este modo seguir haciendo una nueva Melilla mejor para todos. Pero ello no quiere decir que el gobierno esté o se instale en la autocomplacencia, ni se ensimisme, porque también y sobre todo se, sabemos que hay muchas cosas por hacer, muchos problemas que resolver entre todos los melillenses sin ningún tipo de distracciones, y creo que ese futuro lo vamos a conseguir porque tenemos a un gran pueblo dispuesto a ello.
 
  
(Texto aportado por el Gabinete de Prensa de la Ciudad Autónoma de Melilla)
 
 
 
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